Viñedos y pasión por el país en el corazón rural

Desde su llegada a Cafayate, Salta, hasta la creación de Clos de los Siete en Mendoza, el reconocido enólogo francés Michel Rolland encontró en Argentina su segundo hogar. Este rincón del mundo se convirtió en su lugar para trabajar en diversas bodegas, desarrollar proyectos innovadores y mostrar al resto del planeta la riqueza de nuestros suelos y climas.

Michel tenía un estilo de vida activo y lleno de aventuras. Siempre estaba inmerso en nuevos proyectos y planes de trabajo cuando ocurrió lo inesperado. Según sus allegados, su partida fue rápida y sin sufrimiento, lo que refleja la filosofía de vida que siempre promovió. Se lo recuerda como alguien que partió “como una estrella fugaz”, reconocido por su ingenio, alegría y generosidad.

Se decía que amaba la vida con entusiasmo. Era un verdadero bon vivant: disfrutaba de la caza, el golf, la gastronomía y viajar por el mundo. Su legado es un recordatorio de lo emocionante que puede ser vivir con pasión.

La conexión de Rolland con Argentina

La relación de Michel Rolland con Argentina comenzó en 1988, cuando recibió una llamada de Arnaldo Etchart para ayudar en la producción de vinos en Cafayate. Recuerda ese día en noviembre de 1987, cuando un argentino que apenas hablaba francés lo contactó. A pesar de las barreras lingüísticas, tanto Rolland como su esposa Dany estaban intrigados. ¿Un argentino haciendo vino? Decidieron aceptar el desafío, y pronto cayeron enamorados de los paisajes y la diversidad de suelos argentinos, especialmente del Malbec.

Su dedicación permitió que elaborara uno de los primeros vinos premium en el país y forjara una profunda amistad con los Etchart, que duró años.

En 1998, después de la venta de la bodega Etchart, Rolland y los Etchart se asociaron para crear una nueva bodega en Yacochuya, un lugar especial por sus viejos viñedos de malbec que datan de 1915. En 1999, Rolland fundó Clos de los Siete en el Valle de Uco, Mendoza, un proyecto ambicioso que comenzó con 800 hectáreas de viñedos y que se convirtió en un grupo de cinco bodegas.

Cada bodega producía vinos bajo su propio nombre y contribuía al conjunto, posicionando a la región como un referente internacional en vinos. Entre sus productos destacados se encuentran Mariflor y Val de Flores, conocidos por reflejar la esencia del terroir argentino.

Rolland también trabajó con otras bodegas del país, como Trapiche, Norton, Fabre Montmayou y Salentein, llevando técnicas modernas y elevando los estándares de calidad en la vitivinicultura. Su mirada transformó la industria y dejó huella en cada lugar donde estuvo, pero con Argentina tuvo una conexión diferente. No solo vino a trabajar; se quedó, apostó y creyó en el potencial de nuestro vino, especialmente en el Malbec.

Michel Rolland es recordado no solo por su talento, sino también por su carisma y su forma auténtica de acercarse al mundo del vino. Su partida deja un vacío, pero también un legado que enriquece la historia vitivinícola argentina.

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