Despedida conmovedora de Taty Almeida en Plaza de Mayo

El domingo 14 de junio, llegó la triste noticia de que Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida, falleció a sus 95 años. Su partida dejó un profundo dolor, no solo entre sus seres queridos, sino también en todos aquellos que la vieron como una figura emblemática en la lucha por los derechos humanos en nuestro país. Esta semana, distintas conmemoraciones se llevaron a cabo, culminando en una emotiva ceremonia en la Plaza de Mayo.

Diversos organismos de derechos humanos, como HIJOS y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se reunieron en torno a la famosa pirámide de la plaza. Este lugar fue testigo de incontables rondas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Durante el homenaje, se realizaron rituales con flores y pañuelos, recordando su inquebrantable espíritu de lucha.

En medio de la ceremonia, se resaltó su trayectoria como educadora y activista. Una de las oradoras destacó que “su legado quedará grabado a fuego” en las nuevas generaciones que continúan sus enseñanzas, convirtiéndolas en un faro para la democracia.

Velorio de Taty Almeida

Este lunes, el sindicato FOETRA fue el escenario de una despedida conmovedora. Allí, familiares, compañeros de lucha, dirigentes políticos y sindicalistas se hicieron presentes para rendir homenaje a Taty, quien por décadas batalló por la Memoria, Verdad y Justicia.

El velorio, que se realizó a cajón cerrado por decisión de la familia, estuvo acompañado de una fotografía de Almeida sonriente. Para muchos, esa imagen encapsuló su personalidad: decidida en sus convicciones, pero siempre cálida y cercana.

En la despedida, se dieron cita miembros de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, activistas y referentes de diferentes espacios políticos. También asistieron funcionarios y legisladores que resaltaron su legado y su inquebrantable compromiso con las causas populares.

La historia de Taty se tornó trágica el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro fue secuestrado y desaparecido. Ese hecho la llevó a emprender una búsqueda que jamás abandonaría, marcando un giro radical en su vida. Proveniente de una familia militar y alejada de la militancia política en su juventud, encontró en esta lucha una senda que la transformó en una respetada voz del movimiento por los derechos humanos en Argentina.

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