Dafne Kleiman y la cerámica como vínculo con la naturaleza
Las piezas de la diseñadora argentina Dafne Kleiman tienen un enfoque conceptual que se nutre de grandes pensadores contemporáneos. Entre esas influencias, encontramos a la filósofa Jane Bennett, experta en ecología, y al biólogo Rupert Sheldrake, cuyo concepto de la memoria inherente de la naturaleza es clave en su obra.
La cerámica, a menudo vista como un simple objeto utilitario o decorativo, tiene una rica historia. Se remonta al Neolítico en la cuenca del Mediterráneo Oriental. Los primeros fragmentos, hallados en el yacimiento arqueológico de Jarmo (Irak), datan de alrededor del 700 a.C. Además de su uso cotidiano, la cerámica también ha tenido un fuerte carácter ritual y funerario, con ejemplos famosos como los vasos Mochica y Chimú de Perú. No podemos olvidar la tradición europea y del Extremo Oriente, que han aportado mucho a su inclusión en la Historia del Arte.
Dafne Kleiman, quien decidió establecerse en el campo uruguayo, logró una experiencia introspectiva en las sierras del país vecino. Según María José Herrera, esta etapa le permitió profundizar en sus ideas, inspirándose en la geometría de Joaquín Torres García y en la famosa Bauhaus, la escuela alemana de arquitectura liderada por Walter Gropius.
Las obras de Dafne Kleiman
Las creaciones de Kleiman poseen un fuerte componente conceptual, influenciadas por teorías de la filósofa Jane Bennett y el biólogo Rupert Sheldrake. Bennett, asociada a la Universidad Johns Hopkins, investiga la filosofía ecológica, mientras que Sheldrake propone que la naturaleza tiene una memoria inherente. Estas ideas se reflejan en el proceso creativo de Kleiman.
La curadora destaca en su obra una esencia que ella describe como vínculo o intervalo, una forma refinada de captar una idea. Obras como “Arboretum”, inspirada en el Arboretum Lussich cercano a Punta Ballena, y “Entre el bosque y el mar” son ejemplos de esta abstracción geométrica. Otro de sus trabajos destacados es “Devenir estacional”.
Desde su perspectiva, Kleiman busca explorar cómo nos conectamos con la naturaleza. Afirma que su obra investiga la relación entre lo humano y su entorno, utilizando elementos morfológicos y materiales para reflexionar sobre esas conexiones. Para ella, el barro, el agua, el aire y el fuego son esenciales en su proceso cerámico, actuando como agentes activos en la integración y transformación de su práctica.
Cada pieza se convierte en un fragmento de “paisaje”, una descomposición de lo natural que invita a interactuar con sus superficies. Su arte no solo refleja la naturaleza, sino que también capta los colores vibrantes de los amaneceres y atardeceres que rodean su vida cotidiana.