La fábrica de golosinas se declara en bancarrota con 10 millones de deudas
Una conocida fabricante de dulces de Estados Unidos enfrenta una grave crisis financiera que puede poner en jaque casi 100 años de historia. Esta empresa, reconocida por abastecer a diversas marcas, se encuentra en medio de un proceso judicial para intentar seguir en el mercado.
El deterioro económico se ha intensificado en los últimos años, principalmente por el aumento de los costos de producción y la caída en la facturación. La estructura financiera se volvió pesada, afectando su capacidad para funcionar. Ahora, el reto es reorganizar sus cuentas y asegurar la continuidad del negocio.
La historia de Primrose Candy
Primrose Candy fue fundada en 1928 en Chicago y rápidamente se convirtió en una referencia en el mercado mayorista de golosinas en Estados Unidos. A diferencia de otras compañías, su modelo de negocio se enfocó en ser proveedora de grandes cadenas comerciales, que luego revendían los productos bajo distintas marcas.
Su catálogo incluye caramelos duros, golosinas masticables y pochoclos. A lo largo de los años, la firma logró establecer una estructura familiar que le permitió mantenerse a flote en diferentes contextos económicos, sin perder su lugar en el mercado norteamericano.
Sin embargo, todo cambió después de la pandemia. La presión sobre los costos operativos se hizo insostenible. La fábrica llegó a emplear a unos 90 trabajadores y dependía de una logística constante para abastecer a sus clientes en todo el país.
El deterioro financiero llevó a la compañía a solicitar protección judicial bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos el 27 de enero de 2026. Según los documentos judiciales, la empresa declaró activos que oscilan entre u$s1 millón y u$s10 millones, mientras que sus pasivos se estiman entre u$s10 millones y u$s50 millones.
Caída de ingresos y deuda acumulada: los motivos de la bancarrota
La crisis de Primrose Candy se desarrolló gradualmente por una serie de factores: una deuda histórica, la reducción en la facturación y un significativo aumento en los costos de producción. Los ingresos anuales cayeron de u$s11,8 millones en 2024 a u$s7,8 millones en el último ejercicio, esto significa una pérdida de u$s4 millones en solo un año.
Los representantes legales de la empresa explican que hoy fabricar los mismos productos es mucho más costoso que antes. La compañía ya no tiene suficiente margen para absorber esas alzas sin trasladarlas al consumidor. El gran desafío aquí es no poder aumentar los precios demasiado debido a la fuerte competencia.
Además, la empresa arrastra una deuda que supera los u$s12 millones, lo que limita cualquier posibilidad de una recuperación rápida. Necesita cubrir sueldos, mantener operaciones y asegurar la compra de insumos básicos para seguir produciendo.
No es un caso aislado: en Estados Unidos, varias empresas gastronómicas y minoristas han entrado en procesos judiciales similares. Entre ellas están franquicias como Popeyes y FAT Brands, que enfrenta obligaciones financieras de u$s1.300 millones.
La esperanza de la empresa
A pesar de la adversidad, Primrose Candy no tiene intenciones de cerrar las puertas. El objetivo del proceso iniciado bajo el Capítulo 11 es reorganizar sus finanzas y separar la deuda histórica de las necesidades operativas actuales. La idea es conseguir nuevos recursos económicos para garantizar el funcionamiento diario y evitar un cierre definitivo.
Los responsables legales plantean la elaboración de un plan de reestructuración en los próximos meses que permita manejar las obligaciones sin afectar el flujo de caja necesario para seguir operando. No obstante, el desafío no será fácil; deberán recuperar rentabilidad en un mercado competitivo y con altos costos de producción.