la innovadora marca de autos que llegó a la quiebra

Durante varios años, una destacada empresa estadounidense fue considerada una de las grandes apuestas en el mercado de la movilidad eléctrica. Su éxito fue tal que, al principio, atrajo la atención de magnates, fabricantes tradicionales e incluso de organismos estatales, quienes invirtieron millones de dólares.

Con vehículos de diseño futurista y una plataforma adaptable para distintos usos, todo parecía estar preparado para un gran futuro. Pero, detrás de esa imagen brillante, se ocultaban problemas financieros que finalmente llevaron a un desenlace trágico.

La historia de Canoo, el “Tesla de las camionetas”

Canoo comenzó su andanza en 2017 en California, bajo el nombre de Evelozcity. El proyecto fue liderado por Stefan Krause, exdirector financiero de Deutsche Bank, y Ulrich Kranz, un veterano de BMW. En 2019, la empresa cambió su nombre a Canoo y presentó una propuesta ambiciosa.

La firma optó por una plataforma eléctrica modular, apodada “skateboard”, diseñada para ser la base de diferentes tipos de vehículos. Con esta arquitectura, podían desarrollarse camionetas de reparto, vehículos para pasajeros y minibuses de trabajo. Esa propuesta provocó un gran interés en el sector automotriz debido a su enfoque minimalista y la flexibilidad que ofrecía.

El gran momento llegó en 2020, cuando Canoo salió a la bolsa estadounidense tras fusionarse con una SPAC, alcanzando una valoración inicial de u$s2.400 millones. Poco después, el entusiasmo de los inversores elevó su valor de mercado a u$s3.500 millones. Además, Hyundai Motor Group anunció una colaboración prometedora para el desarrollo de plataformas eléctricas, invirtiendo u$s87 millones en proyectos conjuntos.

Canoo comenzó a ser comparada con Tesla, especialmente por su deseo de revolucionar el transporte logístico.

Los contratos con la NASA que no pudieron salvar la empresa

A pesar de los problemas financieros que empezaban a surgir, Canoo firmó acuerdos que parecían poder cambiar su rumbo. Uno de los más destacados ocurrió en 2022, cuando la NASA la eligió para fabricar los Crew Transportation Vehicle (CTV), vehículos diseñados para trasladar astronautas a las plataformas de lanzamiento del programa Artemis.

Las imágenes de los astronautas junto a los vehículos eléctricos de Canoo fueron difundidas en medios de comunicación de todo el mundo, brindándole a la startup una visibilidad internacional increíble. Pero no solo la NASA mostró interés; la empresa también consiguió contratos con grandes como Walmart, el Servicio Postal de Estados Unidos y el Departamento de Defensa.

Estos contratos indicaban que había una demanda clara por sus vehículos. Sin embargo, el verdadero desafío no era conseguir clientes, sino fabricar los vehículos a gran escala. Lamentablemente, Canoo nunca logró establecer un ritmo de producción que pudiera satisfacer la demanda, lo que retrasó la entrega de muchos proyectos y aumentó los gastos operativos.

Cómpo pasó de valer miles de millones a la quiebra

El colapso de Canoo se produce en un contexto curioso. Entre 2023 y 2024, las ventas globales de vehículos eléctricos aumentaron un 25%, alcanzando los 17,1 millones de unidades, lideradas por un crecimiento del 40% en las matriculaciones en China. A pesar de este auge del sector, Canoo enfrentó crecientes dificultades para asegurar financiamiento.

La salida de Hyundai como socio estratégico en marzo de 2021 marcó un golpe significativo. Desde entonces, Canoo dependió cada vez más de nuevos inversores para sostener sus operaciones. La situación se volvió crítica debido a que los costos de desarrollo y fabricación se dispararon. Algunos expertos llegaron a estimar que lanzar un nuevo modelo podría requerir inversiones de u$s900 millones, cifra que podría duplicarse al construir fábricas y establecer redes comerciales.

Aunque Canoo prometió producir más de 10.000 vehículos durante 2023, ese objetivo quedó en la nada. Con el tiempo, las expectativas comenzaron a desvanecerse y la confianza del mercado se erosionó. Finalmente, el 17 de enero de 2025, la empresa presentó voluntariamente su solicitud de quiebra bajo el Capítulo 7 de la legislación estadounidense, lo que implicó el cierre inmediato de sus operaciones y el inicio de un proceso de liquidación de activos.

Los documentos judiciales revelaron que Canoo tenía pasivos de u$s164 millones y activos valuados en alrededor de u$s126 millones, una situación financiera insostenible. Así se desvaneció el sueño de una startup que aspiraba a revolucionar el mercado de los vehículos eléctricos.

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