El clásico de verano que se originó en Mar de Ajó

Las playas de la Costa Atlántica siempre nos traen imágenes que se repiten cada verano. Sombrillas alineadas, conserveras listas para el asado, radios portátiles sonando y, claro, un grupo de amigos lanzando discos metálicos sobre la arena. El tejo playero es parte de este paisaje, tan esencial como el mar o el viento.

Muchos lo asocian con encuentros improvisados y reglas flexibles, pero lo cierto es que el juego tiene una historia rica y un origen claro. No surgió de la nada ni es una simple copia, sino que se adaptó, evolucionó y encontró su lugar en la cultura veraniega argentina.

El tejo se transmite de generación en generación, sin manuales oficiales ni federaciones que marquen la pauta. Se aprende mirando y jugando, con indicaciones rápidas y alguna que otra discusión amistosa que se resuelve en el momento. Eso es parte de su esencia y explica por qué sigue tan vigente.

El tejo tradicional, el deporte histórico colombiano en el que se inspiró

El origen del tejo remonta a Colombia, donde se considera deporte nacional. Allí, el juego se practica desde épocas precolombinas y tiene una estructura mucho más formal. Consiste en lanzar un disco metálico pesado hacia un tablero de arcilla, que tiene pequeños sobres de pólvora que explotan al ser impactados.

En su versión colombiana, el objetivo combina puntería, fuerza y estrategia. Hay puntuaciones oficiales, distancias establecidas y competencias organizadas. El sonido de la explosión es parte central del juego y le da una identidad única.

El origen del tejo playero en Mar de Ajó

El tejo playero nació en Mar de Ajó a mediados del siglo XX, cuando veraneantes y locales empezaron a improvisar un juego similar con discos de hierro o bronce y un hoyo en la arena. La idea encantó rápidamente.

La elección de Mar de Ajó no fue casual. Con playas amplias, arena compacta y un ambiente familiar, se creó el escenario perfecto. No hacía falta infraestructura complicada ni preparación previa. Con dos discos y un círculo dibujado, ya estaba todo listo.

Desde Mar de Ajó, el tejo se expandió rápidamente a otros puntos de la Costa Atlántica y luego a todo el país. Hoy, se juega en parques, patios y plazas, aunque la playa sigue siendo su santuario natural. A lo largo del tiempo, se consolidaron reglas informales que varían según el lugar o el grupo que juegue.

Las reglas del tejo playero

La dinámica es simple: el objetivo es lanzar el tejo lo más cerca posible de un blanco, que suele ser un círculo, una línea o un pequeño hoyo. El juego puede ser individual o en parejas, con turnos alternados.

La distancia entre los lanzadores generalmente ronda entre 8 y 10 metros. Cada jugador tiene uno o dos discos, dependiendo de lo que se acuerde. Lo interesante es que no hay una única forma de puntuar, y eso es parte de la esencia del tejo. En algunos grupos, gana quien quede más cerca; en otros, se suman puntos por rondas. Si el tejo entra en el hoyo, ¡el festejo es automático!

Las discusiones sobre mediciones milimétricas son parte del folclore del juego. Esa falta de un reglamento fijo genera debates, pero también mantiene viva la tradición. No todos coinciden en cómo jugar, y eso no tiene por qué ser un problema. El tejo playero abraza esa ambigüedad y la hace parte de su identidad. Entre la competencia amigable y la excusa perfecta para compartir tiempo, el tejo continúa siendo un clásico. No se trata de alcanzar la gloria deportiva, sino simplemente de disfrutar, reír y hacer que cada verano se renueve esta hermosa tradición.

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