Un repartidor debe hacer 150 entregas al mes para sobrevivir
El trabajo en aplicaciones de delivery se ha convertido en una importante fuente de ingresos para muchas personas en Argentina. Sin embargo, depender exclusivamente de esta actividad no es fácil. Cada vez se exige completar más entregas para llegar a fin de mes, y los costos que deben afrontar los trabajadores, como el combustible, el mantenimiento de los vehículos y la telefonía, van en aumento.
La situación de los repartidores se desarrolla en un contexto más amplio de discusión sobre el modelo laboral que proponen estas aplicaciones. Mientras la Justicia analiza su situación como trabajadores independientes, el aumento de la informalidad y las dificultades para acceder a empleos registrados hacen que más personas se sumerjan en un mundo laboral donde los ingresos son inestables y las protecciones escasas.
¿Cómo es la situación económica de los repartidores?
Según datos recientes, en marzo de 2026, un repartidor necesitaba completar 453 pedidos para alcanzar la Canasta Básica Total de un hogar de cuatro personas, ganando en promedio $3.165,20 por entrega, sin contar las propinas. Este dato puede parecer estable en comparación con diciembre, donde se requerían 454 entregas. Pero esa pequeña diferencia esconde una realidad más compleja.
Por ejemplo, la canasta total individual pasó de 140 entregas a 147, y los costos de crianza para un niño crecieron de 170 a 175 pedidos. Incluso el promedio de alquiler de un monoambiente porteño aumentó. Todo esto indica que las subidas en los precios están afectando gravemente el poder adquisitivo de los repartidores.
La situación se agrava cuando miramos cómo se comportan las plataformas. Rappi, por ejemplo, mantuvo congelado el pago por entrega desde octubre de 2025, mientras que PedidosYa ajustó sus tarifas de $3.659 a $3.924 en marzo, mejorando un poco la situación. Así que el ingreso no solo depende del esfuerzo del repartidor, sino también de la aplicación donde trabaja.
El trasfondo de la industria
El modelo laboral en el que se encuentran inmersos los repartidores está siendo cuestionado judicialmente. Plataformas como Rappi y PedidosYa consideran a sus trabajadores como independientes, lo que significa que no gozan de muchos derechos laborales, como vacaciones o indemnización. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires ha señalado que estas plataformas ejercen un control suficiente sobre sus trabajadores para ser consideradas empleadoras, impugnando su modelo actual.
En abril, la Suprema Corte de Justicia mantuvo sanciones contra las plataformas por no registrar a los repartidores. Si bien no se ha dictaminado que todos ellos sean automáticamente empleados, estas decisiones han abierto la puerta a más dudas sobre cómo se contratan y remuneran ahora.
Además, el sistema de comisiones que cobran las aplicaciones a los comercios puede llegar entre el 25% y el 35%, un costo que inevitablemente se traslada al consumidor. Por ello, los precios de productos populares han aumentado cerca del 41% en un año, mientras que el poder adquisitivo ha disminuido.
El trabajo como repartidor también conlleva riesgos. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, los motociclistas representan el 46% de las muertes en accidentes, algo preocupante para quienes utilizan su propio vehículo en este trabajo.
Sobre el empleo y los salarios en Argentina
El crecimiento del delivery está intrínsecamente ligado al mercado laboral. En el primer trimestre de 2026, la desocupación subió al 7,8%, mientras que la subocupación alcanzó el 11,1%. Este panorama complicó el acceso a trabajos formales, influyendo a muchas personas a recurrir al delivery para sumar ingresos.
Un análisis sobre la Encuesta Permanente de Hogares reveló que la informalidad afecta al 44,2% de los trabajadores, un porcentaje que ha ido en aumento. Esto significa que más de cuatro de cada diez personas trabajan sin las garantías que deberían tener por ley.
Las aplicaciones ofrecen una salida rápida, pero esa flexibilidad no siempre es sinónimo de estabilidad. De hecho, un estudio del Conicet muestra que esta flexibilidad viene acompañada de incertidumbre y dificultades en el reconocimiento de la relación laboral. Los repartidores, aunque ayudan a reducir el desempleo, enfrentan un entorno lleno de retos y sin suficientes protecciones.