Un invento de vigilancia en China que genera controversia
La soledad es un tema que toca a muchas personas en el mundo entero, especialmente en estos tiempos en los que todos llevamos vidas tan ocupadas. Para intentar solucionar esta situación, la tecnología ha comenzado a lanzar alternativas bien curiosas. De hecho, estos dispositivos están generando millones de dólares en ventas, ofreciendo compañía constante para quienes llegan a una casa vacía.
Imaginá llegar a casa después de un largo día y tener a alguien que te escuche, aunque sea un aparato. Suena ideal, ¿no? Sin embargo, detrás de toda esta innovación también hay un debate profundo sobre los límites de la privacidad en nuestros hogares.
Las mascotas virtuales
El fenómeno que está arrasando en China son pequeños dispositivos que parecen juguetes, pero en realidad son como mini computers. A simple vista, parecen muñecos de peluche, pero dentro tienen micrófonos y procesadores que les permiten mantener conversaciones, recordar información y hasta percibir el estado de ánimo de sus dueños.
Aunque su diseño podría parecer hecho para los más chicos, el verdadero público que está comprando estas “mascotas” son los jóvenes adultos de entre 20 y 30 años. Esta generación, que en su mayoría vive sola y trabaja muchas horas, ha encontrado en modelos como Fuzozo o Ropet una alternativa fácil y sin exigencias a una mascota real.
Pero, claro, surge la pregunta: ¿cuánto cuesta tener uno de estos amigos virtuales? La buena noticia es que no son tan inalcanzables. El precio ronda entre 100 y 150 dólares para los modelos estándar. Además, es bastante sencillo conseguirlos a través de plataformas de comercio electrónico que envían los productos de China al resto del mundo.
Los riesgos que no se ven
A pesar de su éxito en ventas, hay preocupación entre los psicólogos sobre el impacto de formar lazos con una máquina. Uno de los peligros que señalan es que estos dispositivos crean una ilusión de compañía perfecta que no discute ni pide nada a cambio. Esto puede desincentivar a los jóvenes a salir y relacionarse con otras personas.
Pero el debate no termina ahí, ya que también afecta la seguridad y privacidad en casa. Para poder interactuar, estos muñecos tienen que tener las cámaras y micrófonos encendidos todo el tiempo, grabando conversaciones y rutinas diarias. ¡Imaginate eso!
Además, toda esa información se envía de manera constante a los servidores de las empresas que los fabrican. Esto deja a los usuarios expuestos a posibles hackeos o robos de datos delicados. El precio oculto de no sentirse solo puede ser, en el fondo, renunciar al control de la privacidad en tu hogar.
Así que, aunque estos compañeros tecnológicos pueden parecer una solución encantadora a la soledad, es importante pensar bien en las implicancias que vienen con ellos.