Sostener la desaceleración requiere ancla cambiaria y salarial

La inflación mostró signos de desaceleración en mayo, alcanzando su nivel más bajo en ocho meses. Las proyecciones para junio también se ven optimistas. Varios factores que habían presionado los precios últimamente parecen estar bajo control, aunque algunos economistas advierten que este proceso de baja inflacionaria podría traer consigo ciertos desafíos para la economía en general.

Esta semana, el INDEC reportó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 2,1% en mayo, marcando así el segundo mes de disminución consecutiva. De forma natural, el Gobierno destacó estos resultados en redes sociales. El ministro de Economía, Luis Caputo, subrayó que la media móvil de tres meses también mostró una baja, lo que indica una tendencia positiva en la disminución de la inflación.

El impacto de los precios volátiles en el IPC del INDEC

La reducción del IPC se atribuye principalmente a una mayor estabilidad en los precios de la carne y los servicios regulados, como tarifas de luz y gas, que habían aumentado anteriormente. Según la consultora LCG, “la menor presión de los precios regulados fue clave para la desaceleración, bajando de cerca del 5% en marzo y abril a 2,4% en mayo”.

Un informe de C-P Consultores también destacó la caída en las boletas de electricidad y gas, que pasaron de un incremento del 4,3% a 1,7%, así como en los combustibles, que subieron un 1,7% tras un 11,2% en el mes anterior. Esto lo podemos relacionar con el efecto de la guerra en Medio Oriente sobre el suministro de petróleo, que había disparado los precios a nivel internacional.

Además, Equilibra ha comenzado a medir la “inflación subyacente”, que excluye variaciones en carnes, gasolina, tarifas, expensas y educación. Según sus estimaciones, en mayo la subyacente se mantuvo estable.

“Como mencionamos en marzo, ni antes la inflación había subido tanto, ni ahora ha bajado tan drásticamente en estos dos meses”, comentó Gonzalo Carrera, economista de la consultora. Resaltó que mirar la inflación subyacente es fundamental para entender la situación actual, cuya tendencia ha sido más constante en los últimos tiempos.

Dólar, salarios y tarifas: los tres precios que pueden marcar el pulso de la inflación futura

Ante este nuevo escenario, C-P indicó que “sin nuevos shocks, las anclas cambiaria y salarial están influyendo en la dinámica de precios”. En cuanto al dólar, se vio una reducción del 1,1% en abril y un leve aumento en mayo, ambas cifras por debajo del incremento general de precios.

En mayo, casi un 43% de los precios monitoreados por el INDEC aumentaron menos del 2% mensual, muy por encima del 25% registrado en abril. Sin embargo, el gran reto para el Gobierno será mantener la inflación por debajo del 2% a largo plazo, considerando que casi el 60% de los precios se mueve por encima de este umbral.

Para los economistas, acelerar la desinflación podría requerir ajustes que provoquen mayores desequilibrios macroeconómicos. Un cambio en el tipo de cambio, por ejemplo, podría ser perjudicial para algunos sectores industriales, que dependen de un dólar más competitivo.

Asimismo, los salarios no parecen tener mucho margen para seguir perdiendo poder adquisitivo, ya que eso generaría un aumento en la conflictividad social y caídas en el consumo. Datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) mostraron que en abril los salarios del sector privado crecieron un 1,3% en términos reales, lo que marca un incremento significativo desde noviembre de 2023.

Sin embargo, este aumento no se refleja igual en todos los sectores, y la creciente desigualdad puede verse reflejada en los ingresos, que se encuentran en niveles históricamente bajos. Casi un 7% por debajo de lo que eran en 2017 para los asalariados privados.

“La rapidez con la que podría moverse el tipo de cambio influirá también en la inflación, pero parece que el Gobierno tiene herramientas para mantener el control”, comentó Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos.

El Gobierno también podría optar por postergar ajustes en tarifas. Pero, en un contexto donde la recaudación está cayendo, esto podría aumentar el gasto en subsidios y afectar más el resultado fiscal.

Para junio, C-P anticipa una inflación del 1,9%, lo que podría indicar que la desaceleración continúa. Las incógnitas radican en la capacidad del oficialismo para sostener esta tendencia sin nuevos aumentos significativos.

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