Polémica por video institucional sobre José Manuel De la Sota
La sesión especial de la Legislatura de Córdoba, celebrada el pasado jueves 26 en conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, se esperaba que fuese un momento de unidad. Sin embargo, un video proyectado dentro del recinto dejó entrever las tensiones internas que se viven en el peronismo cordobés. Martín Llaryora, el gobernador, tiene ante sí el desafío de consolidar su liderazgo en el Partido Justicialista, lo que se definirá el próximo 3 de mayo con la elección de nuevas autoridades. Hay un consenso general: él será quien asuma la presidencia.
El video, que recordaba los 20 años de la Ley Provincial de la Memoria, omitió al exgobernador José Manuel de la Sota, figura central en la sanción de la ley en 2006. La falta no pasó desapercibida. Bernardo Knipscheer, legislador oficialista y pareja de la diputada nacional Natalia de la Sota, expresó su descontento. Por su parte, el radical Miguel Nicolás cuestionó no solo la omisión del “Gallego”, sino de otros gobernadores demócratas como Eduardo Angeloz y Ramón Bautista Mestre.
Knipscheer, saliendo de la sesión, apuntó que el video “demuestra muy baja calidad institucional”. Al referirse a la historia de De la Sota, quien fue el único de los cinco gobernadores democráticos que estuvo preso, destacó lo incomprensible que resulta su exclusión en un homenaje como este. Esta anécdota parece ser solo la punta del iceberg de una disputa más profunda: Llaryora busca construir una nueva identidad política y consolidar su poder en el PJ provincial.
La caída de Schiaretti
El panorama para Llaryora se despejó tras la derrota de Juan Schiaretti en las elecciones legislativas de octubre de 2025. El exgobernador había dejado de lado la presidencia del partido en junio, previo a su candidatura nacional, pero la derrota minó su influencia y reputación. Este cambio dejó un vacío en el peronismo cordobés que Llaryora supo ocupar rápidamente. Desde entonces, ha intensificado su estrategia de “peronización” y está construyendo una estructura partidaria propia, para desplazar los últimos vestigios de schiarettismo.
Internas que no se apagan
A pesar de la caída de Schiaretti, su estructura no ha desaparecido. En varias intendencias, la competencia entre el llaryorismo y el schiarettismo continúa. En Río Segundo, por ejemplo, persisten tensiones entre líderes que responden a Llaryora y aquellos que son leales a Schiaretti. La misma situación se da en Río Cuarto, donde las facciones tradicionales del PJ luchan por el control territorial. En Traslasierra, la situación es más compleja. La salida de Oscar González, un referente clave en la era Schiaretti, dejó un panorama fragmentado.
Recientemente, Calamuchita se convirtió en un punto caliente, ya que allí se enfrentan tres sectores: los que apoyan desde un primer momento a Llaryora, otros que se acercaron a través del ministro de Gobierno Manuel Calvo, y aquellos que habían coqueteado con el Panal. Estas divisiones revelan que, aun con su avance en la capital y en departamentos clave, la “delasotización” que Llaryora promueve aún tiene muchas batallas por resolver.
La “peronización” de la gestión
Todo indica que el próximo 3 de mayo, el PJ cordobés renovará sus autoridades y que Llaryora alcanzará el objetivo de liderar el partido con su propia estructura. Esto viene acompañado de una marcada “peronización” en su gestión que comenzó hacia fines de 2025. La incorporación de seis intendentes peronistas al gabinete, liderados por Marcos Torres de Alta Gracia, marcó un cambio notable hacia un enfoque más peronista, luego de un inicio amigable con radicales y otros dirigentes del PRO.
Un dirigente peronista analizó esta vuelta a lo “Gallego”, aunque irónicamente señala que su círculo más cercano parece decidido a borrar la memoria de De la Sota.
La sombra de Natalia
En la disputa por el control del PJ, hay una figura que genera preocupación en el entorno de Llaryora: Natalia de la Sota. La hija del exgobernador ha logrado consolidar su propia estructura política y posee una base electoral relevante en la capital. Si no consigue una fórmula nacional que la satisfaga, no sería sorprendente que decida pelear por El Panal en 2027.
La omisión de su padre en el video no solo incomodó a Knipscheer, sino que fue vista como un mensaje en ciertos sectores del peronismo. “Esta memoria es de todos”, advirtió Nicolás, resonando como una advertencia sobre el contexto político actual.
Pese a esto, Llaryora pareciera estar dispuesto a asumir riesgos. Con la vista en su posible reelección, confía en que una gestión marcada por el peronismo y una imagen pública favorable serán suficientes para enfrentarse a cualquier desafío interno.
El desafío de las calles
La estrategia de “peronización” no está exenta de complicaciones. La llegada de numerosos intendentes al gabinete ha generado críticas dentro del oficialismo, y también ha dejado a los aliados no peronistas en una situación incómoda. Myrian Prunotto, vicegobernadora radical y quien presidió la sesión en cuestión, sigue realizando visitas por el interior, centrando sus esfuerzos en solidificar su figura en la capital, pensando en una posible candidatura a intendente.
Mientras tanto, Llaryora sigue fortaleciendo sus lazos con los intendentes peronistas del interior, reciclándose en el astuto estilo de De la Sota, aunque sin mencionarlo. Algunos dirigentes aprecian la ironía: para construir su futuro, Llaryora recurre a métodos “estilo Gallego” mientras intenta reconfigurar su legado político. El 3 de mayo, cuando el PJ formalice su nueva dirección, se definirá si esta estrategia le da frutos.