Memoria de una casa y su cultura heredada

En “Los colores del tiempo” (“La venue de l’avenir”), el director francés Cédric Klapisch presenta una intrigante trama que entrelaza el presente con el vibrante París artístico de finales del siglo XIX y mitad del XX. La película aborda el dilema de un grupo de personas que, debido a una herencia inesperada, se ve obligado a convivir no solo entre ellos, sino también con el legado de aquellos que ya no están.

La historia comienza con un grupo familiar disperso que descubre una casa abandonada en Normandía. Cuatro de ellos, Seb, Abdel, Céline y Guy, son seleccionados para abrir la puerta y hacer un inventario. Pero este es solo el inicio: en esa casa, que permaneció cerrada desde 1944, vagabundean los recuerdos de Adèle, una antepasada que dejó su hogar en busca de su madre en 1895.

Un viaje en tres tiempos

A medida que avanza la trama, la película se desenvuelve en tres tiempos: el presente de estos herederos con sus propias incertidumbres y relaciones tensas; el pasado de un París donde el impresionismo apenas empezaba a cobrar forma; y el instante en que la casa quedó en el olvido, creando una huella temporal cargada de historias.

Lo interesante de “Los colores del tiempo” es cómo maneja estas narrativas sin caer en el cliché del documental aburrido. En lugar de eso, Klapisch logra que elementos como cartas o imágenes actúen como puentes entre el pasado y el presente. Aquí, el pasado no es solo un recuerdo distante, sino algo que afecta a estas personas en su búsqueda de identidad y pertenencia.

Una narrativa bien construida

El guion, desarrollado por Klapisch junto al argentino Santiago Amigorena, está diseñado con una fluidez que logra mantener la conexión entre los diferentes momentos históricos. Se aleja del habitual uso de flashbacks, creando una textura narrativa que entrelaza las historias de forma clara y comprensible. La película, además, evita la confusión, presentando la complejidad de un misterio familiar de manera ordenada.

Desde el punto de vista visual, la película es también un deleite. Klapisch y su director de fotografía, Alexis Kavyrchine, trabajan para resaltar la diferencia entre épocas, utilizando una iluminación que refleja la vida cotidiana de los personajes del presente y una belleza pictórica asociada al siglo XIX. Los colores juegan un papel crucial, no solo como decoración, sino como parte integral de la narrativa, hablando sobre la pintura, la fotografía y la modernidad visual.

Personajes con matices

Suzanne Lindon, quien interpreta a Adèle, transmite una mezcla de determinación y vulnerabilidad que evita caricaturas de heroínas. El elenco sostiene el presente con interpretaciones diversas que enriquecen la historia. Klapisch tiene una habilidad especial para crear un cine coral donde cada personaje aporta su singularidad.

Sin embargo, hay un punto a considerar. La inclusión de personajes históricos destacados como Claude Monet o Victor Hugo le da un aire de verosimilitud que, a veces, puede distraer del hilo íntimo de la historia. Aunque se hace con elegancia, la película podría haber mantenido su delicadeza si hubiera centrado su atención más en los lazos familiares y menos en la galería de grandes nombres de la cultura francesa.

Una obra rica en historia

Si bien “Los colores del tiempo” es una adición valiosa al repertorio de Klapisch, se siente como una expansión de su cine coral que, esta vez, toca temas de genealogía y pertenencia. La pregunta que surge no es solo “quién soy” en el contexto de los demás, sino “qué parte de mí viene de aquellos que ya no conocí”. Con una estructura sólida, una belleza visual cautivadora y actuaciones sensibles, la película destaca, aunque podría haber evitado llenar el pasado de nombres célebres para preservar su esencia íntima.

“Los colores del tiempo” (“La venue de l’avenir”, Francia, 2025). Dir.: Cédric Klapisch. Int.: Suzanne Lindon, Abraham Wapler, Zinedine Soualem, Julia Piaton.

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