Los mercados se recuperan, pero permanecen las dudas futuras

La secuencia de los últimos días en el mercado del petróleo fue todo un espectáculo, y no apta para aquellos con problemas cardíacos. Durante las primeras operaciones, el Brent y el WTI alcanzaron picos de u$s119,50 y u$s119,48 por barril, respectivamente. Esto implicaba que estaban a punto de marcar sus máximos desde junio de 2022. Sin embargo, la situación dio un giro abrupto: tras el cierre del mercado, los analistas comenzaron a descontar una posible intervención política para calmar la situación adversa, en lugar de prever una severa escasez de petróleo.

El cambio en el clima del mercado llegó cuando Trump anunció que la guerra con Irán estaba “muy avanzada” y que su resolución podría ser inminente. Además, recalcó que su principal interés es evitar que los precios de la energía se disparen de forma duradera. Según se supo, la Casa Blanca está considerando flexibilizar algunas sanciones relacionadas con el petróleo y desplegar protección naval para los buques que transiten por el estratégico Estrecho de Ormuz, lo cual resulta clave dado que por allí circula una parte significativa del petróleo mundial.

Este cambio de discurso fue suficiente para revertir nuevamente la dirección del mercado, que venía enfrentando movimientos bastante impredecibles. Wall Street, que había empezado el día en modo vendedor, terminó alineándose con la caída del petróleo. El S&P 500 subió un 0,8%, el Nasdaq un 1,4% y el Dow Jones un 0,5%. Todo esto pone de manifiesto cuán interconectados están los activos globales y cuántas decisiones se toman al compás de la geopolítica.

El día comenzó con un gran miedo a los riesgos, especialmente en Asia, donde los inversionistas reaccionaron ante el shock del petróleo y la posibilidad de una guerra más prolongada. Europa, al ver la aversión, replicó el sentimiento negativo. Pero, a medida que los precios del petróleo comenzaron a caer y surgieron rumores sobre una posible acción coordinada del G7 para liberar reservas estratégicas, el mercado internacional encontró algo de alivio, lo que también ayudó a moderar la caída en los precios del crudo.

Petróleo, Ormuz y el riesgo que sigue abierto

Sin embargo, el alivio fue temporal, ya que las preocupaciones de fondo no se mitigaron. El Brent cerró a u$s98,96 y el WTI a u$s94,77, precios que no se veían desde agosto de 2022. Desde el inicio del conflicto en Irán, ambos contratos acumulaban subas de más del 30%. El aumento inicial del precio del crudo está vinculado a una oferta cada vez más crítica, ya que Arabia Saudita y otros miembros de la OPEP han comenzado a reducir suministros debido a las alteraciones logísticas ocasionadas por la guerra. Sumado a esto, el Estrecho de Ormuz sigue casi bloqueado, un dato preocupante, pues allí navega un quinto del petróleo y gas natural licuado del mundo.

La principal preocupación del mercado es que, a pesar de los intentos de Trump por mostrar control político y militar, no hay garantías claras de que la situación vuelva a la normalidad de manera rápida. La promesa de mayores seguridades y escoltas navales por ahora no convence del todo a los operadores respecto a la estabilidad del flujo energético global.

Aún así, el mercado celebra cualquier pequeña toma de ganancias en el crudo o alguna señal diplomática, aunque sigue esquivando la idea de que pueda haber otra gran interrupción, dado lo que ha ocurrido en los últimos días.

Además, otro hecho político importante ha sido la confirmación de Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo de Irán, alineado con el sector más duro del régimen. Esto frenó las expectativas de una rápida reducción de tensiones y reforzó la idea de continuidad en la estrategia de Teherán, lo que contribuye a que, a pesar de la ligera recuperación de los mercados, nombrar prudencia siga siendo el lema del día.

Qué pasó con Argentina en medio del temblor y cambio de humor global

En el plano local, la jornada fue intensa. Sin embargo, el cierre del mercado mostró una imagen menos dramática de lo que se había anticipado. El S&P Merval terminó con una suba marginal de 0,3% en pesos y se mantuvo en terreno positivo en dólares, subiendo 0,6%. En una sesión que se movió del caos hacia la recuperación, la baja del petróleo y la recuperación parcial de Wall Street ayudaron a aliviar la presión en los activos argentinos.

En el ámbito de la renta fija, los Globales comenzaron con pérdidas resaltantes, cercanas al 1%, pero durante el día lograron encontrar demanda, cerrando relativamente estables, en línea con otra mejora en activos emergentes hacia el final de la jornada.

El riesgo país, que amenazaba con tocar nuevamente la zona de los 600 puntos, moderó su aumento, cerrando a 583 puntos, el más alto desde enero. Sin embargo, hay una lectura a considerar: Argentina sigue vulnerable ante cualquier shock externo, ya sea un aumento del crudo o un dólar firme, a pesar de los beneficios que podrían traer precios altos en petróleo o commodities agrícolas.

También hubo movimientos importantes en el mercado cambiario. El dólar mayorista cerró estable en $1.416, aunque en futuros se observaron aumentos a lo largo de la curva y un fuerte incremento del interés abierto, un movimiento que muchos en la city interpretaron como una posible intervención oficial para controlar tensiones en un día marcado por la volatilidad global.

Lo positivo del día fue que el Banco Central compró u$s50 millones en el mercado, en un contexto en el que busca continuar sumando reservas sin perder el control sobre la inflación local.

Qué puede venir ahora

Los activos financieros pasaron rápidamente de prever un gran shock energético a ensayar un rebote técnico respaldado por tres factores: la toma de ganancias en un mercado petrolero extremadamente sobrecomprado, señales políticas de contención desde Washington y la expectativa de apoyo de las grandes economías para estabilizar la oferta. Todo esto ocurrió, claro está, con el temor latente de que un aumento adicional en el crudo complique la inflación mundial y obligue a los bancos centrales a mantener tasas más altas por más tiempo.

Mirando hacia adelante, el mercado se encuentra entre dos fuerzas: por un lado, cualquier señal de alivio en Medio Oriente o una intervención coordinada en el abastecimiento energético podría seguir impulsando esos rebotes técnicos. Pero, por el otro lado, el panorama sigue -al menos por ahora- lejos de estar resuelto.

El Estrecho de Ormuz continúa siendo un gran riesgo sistémico, y la permanencia de la facción dura en Irán reduce las posibilidades de una salida rápida del conflicto. Así las cosas, la sensación que dejó el lunes es bastante ambivalente. Wall Street evitó un cierre desastroso, y el petróleo terminó muy por debajo de sus máximos intradiarios, pero aún queda por despejar esa gran duda: fue solo un alivio momentáneo o es el inicio de una fase de mayor volatilidad global, con precios altos de energía y tasas rígidas, que podría resultar dolorosa para los países más frágiles?

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