Los adolescentes y su visión política para las elecciones 2027

El vínculo de los jóvenes con la democracia está profundamente influenciado por el entorno social y educativo en el que crecen. Juan Manuel Fernández Alves, director de la Asociación Conciencia, menciona que dos factores clave emergen repetidamente en las encuestas: el capital cultural de la familia y el nivel socioeconómico.

Por un lado, cuando observamos que los padres tienen un nivel educativo más alto o hay más libros en casa, el lazo con la democracia tiende a ser más fuerte. También se destaca que los jóvenes de sectores medios y altos valoran más el sistema democrático. Pero, ¿qué pasa con aquellos que provienen de contextos más desfavorables? Fernández Alves señala que parte del desencanto con la política entre los jóvenes se debe a la percepción de que el sistema no resuelve problemas reales.

Él lo explica así: “Los jóvenes castigan al sistema democrático cuando no atiende sus necesidades básicas.” Sin embargo, esto no significa que anhelen regímenes autoritarios; de hecho, solo el 15% se inclinaría por un gobierno de ese tipo en ciertas circunstancias. Hay una brecha sorprendente en la formación cívica, ya que un 21% de los jóvenes no sabe si la democracia es preferible a un gobierno autoritario, lo cual refleja una falta de educación ciudadana.

La ambivalencia juvenil hacia la política

En este escenario, los jóvenes mantienen una relación ambivalente con la política. Como dice Fernández Alves, “esperan una democracia que resuelva sus problemas, pero al mismo tiempo no confían en ella.” A pesar de que el 73% tiene una visión optimista sobre su futuro personal, muchos no vinculan esa esperanza con la política ni con el funcionamiento democrático.

Otra parte relevante del estudio revela que los jóvenes otorgan un 8,25 a la importancia de vivir en democracia, pero su evaluación sobre la calidad democrática en Argentina es solo de 6,83. Esta diferencia, según el análisis, está influenciada nuevamente por las condiciones sociales. A medida que el nivel educativo en el hogar disminuye y las condiciones económicas empeoran, esta brecha se amplía. Un posible riesgo a futuro es que si los sectores con menos recursos se apartan del debate público y de la participación electoral, la política se elitiza y eso no es bueno para la democracia.

Un desinterés en la política tradicional

El estudio también expone una relación interesante entre los jóvenes y la política. Un 69% de los estudiantes secundarios afirma tener poco o ningún interés en la política, pero, curiosamente, un 72% señala que tiene intención de votar. Este fenómeno plantea dudas sobre cómo se están relacionando con la vida pública.

Facundo Cruz, politólogo de la UBA, menciona que hay una mezcla de antipatía y nuevas formas de conexión con el sistema político. Para él, la falta de interés de dos tercios de los jóvenes indica tanto desafección como una cierta distancia. Muchos adolescentes se sienten ajenos a los lenguajes y prácticas tradicionales de la política, generando un “gap” con el sistema político argentino. Sin embargo, esto no significa que haya un quiebre total; menos de un tercio sigue a políticos en redes sociales y cerca del 10% participó en movilizaciones, lo que muestra una conexión indirecta con la política.

La influencia del contexto socioeconómico

La relación con el voto también refleja esa ambivalencia. Muchos creen en la importancia de participar en elecciones, pero una gran parte siente que votar no es suficiente para cambiar el rumbo del país. Cruz aclara que esto no necesariamente indica una crisis de participación, sino más bien una ausencia de representación. Muchos jóvenes sienten que la política no se comunica en los términos que esperan, lo que alimenta el escepticismo respecto a la capacidad del sistema para abordar problemas cotidianos.

Además, el desinterés es más marcado entre los sectores socioeconómicos vulnerables. Cuando el capital cultural y económico es bajo, la distancia con la política se acentúa. En estos grupos, aumenta la cantidad de jóvenes que no sabe o no responde cuando se les pregunta sobre sus preferencias entre democracia y otros sistemas de gobierno.

Con la mirada hacia las elecciones presidenciales de 2027, el impacto del voto joven sigue siendo incierto. Si bien estos votantes de 16 y 17 años representan aproximadamente el 3% del padrón nacional, su participación tiende a ser menor debido a que el voto es optativo. En una elección competitiva, su participación podría ser decisiva; en una más cómoda, probablemente no lo sea.

Tolerancia y diversidad entre los jóvenes

Las redes sociales han transformado el acceso a la información política, convirtiéndose en la principal fuente de noticias para el 79% de los jóvenes, superando a los medios tradicionales. Este cambio refleja cómo las nuevas generaciones debaten y forman sus opiniones sobre la vida pública.

Uno de los hallazgos más positivos del estudio es el alto nivel de tolerancia política entre los estudiantes secundarios. Solo un 30% opina que se puede juzgar a alguien por sus ideas políticas. El 64% dice tener amigos con opiniones distintas, y el 61% estaría dispuesto a tener una pareja con otra posición ideológica. Esto sugiere que las nuevas generaciones priorizan el respeto por la diversidad de opiniones, incluso en un contexto de polarización.

Sergio Siciliano, legislador y docente, resalta que ello es un signo esperanzador en medio de la confrontación política actual. Muchos jóvenes entienden que pueden mantener relaciones positivas con personas que piensan diferente, sugiriendo que la diferencia política no necesariamente lleva a la enemistad.

Este fenómeno se vincula también con la forma en que los jóvenes construyen sus opiniones. Las redes sociales han tomado un rol central, relegando a la escuela como el único lugar de información. Siciliano plantea que la educación debe reforzar su rol en la formación democrática, fomentando espacios de diálogo y construcción de acuerdos.

De cara a las elecciones presidenciales de 2027, el desafío será conectar con una generación que no rechaza la democracia, pero que pide resultados más efectivos. El estudio muestra a una juventud que prefiere una relación con la política más crítica, digital y tolerante, buscando una conexión más auténtica con sus necesidades y expectativas.

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