Lecciones de liderazgo que las empresas quieren imitar
La experiencia de la Selección Argentina está llena de enseñanzas sobre cómo construir culturas de alto rendimiento, incluso en situaciones adversas. La presión siempre fue parte del juego, especialmente en torneos importantes. Cada partido parecía una nueva oportunidad para superar fracasos pasados, y la expectativa de millones de argentinos pesaba como un yugo emocional.
El cuerpo técnico pronto se dio cuenta de que el desafío iba más allá de lo meramente futbolístico. La prioridad fue reconstruir la confianza entre los jugadores y fomentar un ambiente en el que pudieran expresarse sin restricciones. Un lema que recorrió el equipo fue: “Si estamos bien, somos capaces”. Este enfoque no solo se aplica al fútbol, sino también a cualquier organización.
Cuando se siente miedo o incertidumbre, las capacidades individuales tienden a disminuir. Ahora, si en cambio hay confianza y un sentido de pertenencia, el talento florece. Con esto en mente, la experiencia de la Selección ilustra cómo se puede fortalecer un grupo.
Una de las frases más impactantes de la serie “El Método Scaloni” proviene del arquero Emiliano Martínez, quien mencionó: “En la Selección es más fácil jugar que en cualquier equipo”. Esto resalta la ventaja competitiva que genera un buen entorno.
En el ámbito corporativo, esto es clave. Las organizaciones que construyen confianza suelen ver un aumento en el compromiso, la creatividad y una mejor respuesta ante desafíos. Un ejemplo poderoso de esta dinámica se da cuando se habla de “sacar a Messi del póster”. Esto no significa ignorar su talento, sino liberar al equipo de una dependencia excesiva sobre su figura.
Durante años, muchos pusieron todas las expectativas sobre los hombros de Messi. La idea de Scaloni cambió eso. Se trató de formar un propósito compartido, donde todos asumieran la responsabilidad del resultado colectivo, distribuyendo el liderazgo entre todos. Rodrigo De Paul, uno de los referentes del equipo, lo resumió de manera simple: “Nosotros salimos a la cancha ganando 1 a 0”. Esta mentalidad destaca cómo la confianza se edifica sobre una base sólida, no en torno a una sola individualidad.
Este paralelismo se extiende al mundo empresarial. Muchas compañías tienden a concentrar sus esperanzas en líderes o figuras clave, lo que puede limitar el crecimiento del resto del equipo y crear estructuras vulnerables ante cambios inesperados. La clave es promover la horizontalidad y la responsabilidad distribuida.
Otro aspecto relevante es cómo la Selección mantuvo un alto rendimiento sin afectar el clima interno. En muchos trabajos, la búsqueda de resultados puede llevar al agotamiento. Sin embargo, el proceso liderado por Scaloni logró un equilibrio: alta exigencia acompañada de cercanía y confianza.
La disciplina no implica distanciamiento. Jalife, un especialista en management, menciona la diferencia entre una exigencia positiva y una tóxica. Para alcanzar su máximo potencial, los equipos necesitan no solo intensidad, sino también espacios para recuperarse y fortalecer los lazos.
La Selección encontró esos espacios a través de relaciones cotidianas y un sentido de pertenencia que creció con el tiempo. Esto ofrece valiosas lecciones para las empresas de hoy. La competencia ya no radica solo en la tecnología o los recursos, sino en la calidad de la cultura organizacional.
Un claro ejemplo de esto se dio con Gonzalo Montiel, quien después de un penal fallido en la final, recibió el respaldo del cuerpo técnico en vez de reprimendas. Más tarde, convirtió el penal decisivo que le dio a Argentina el título. Esta actitud de convertir errores en aprendizajes es clave. Los líderes que apoyan a sus equipos en momentos difíciles, en lugar de castigar, suelen cosechar mejores resultados.
Finalmente, un concepto que resuena en la serie es la antifragilidad. A diferencia de la resiliencia, que nos permite recuperarnos, la antifragilidad nos fortalece ante la adversidad. La Selección, tras perder contra Arabia Saudita, utilizó esa experiencia como trampolín para mejorar. Scaloni se adaptó a cada partido, ajustando estrategias, pero manteniendo siempre una cultura sólida.
Estas lecciones son aplicables a cualquier organización en un mundo que cambia rápidamente. La experiencia de la Selección Argentina enseña que adaptarse no significa sacrificar principios; se trata de preservar lo fundamental mientras se modifican las tácticas para avanzar.