La informalidad en América Latina frena la reducción de la pobreza

El Banco Mundial estima que el Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina y el Caribe crecerá un ligero 2,1% en 2026, una baja respecto al 2,4% que se espera para 2025. Esto deja a la región con un crecimiento bastante lento, y el PBI per cápita apenas conseguirá mejorar. En este panorama, el trabajo no se manifiesta como un motor de movilidad social. La pobreza sigue siendo un problema persistente debido a la elevada informalidad, que trae consigo ingresos inestables, baja productividad y poco acceso a derechos laborales.

El empleo informal es un fenómeno “persistente” en la región. Se relaciona principalmente con trabajadores que cuentan con menos educación, que laboran por cuenta propia o en actividades de menor escala. Muchos de estos trabajadores ven que la formalidad no les ofrece beneficios suficientes en comparación con lo que disfrutan en el ámbito informal. Así, el sistema no logra brindar un incremento real en términos de ingresos o estabilidad laboral.

Un dato interesante es que los trabajadores autónomos en América Latina valoran la autonomía de manera similar a sus colegas de economías avanzadas. Hay encuestas que indican que el 80% de los asalariados en México y la República Dominicana preferirían trabajar por cuenta propia, un porcentaje notablemente más alto que el 50% que se observa en países de la OCDE.

Este contexto de informalidad tiene un impacto directo en los salarios. Al ser tan elevada, limita el acceso a aumentos sostenidos en la productividad, lo que a su vez socava la estabilidad de los ingresos. Esta situación afecta la reducción de la pobreza, ya que no se generan suficientes empleos de calidad.

Limitaciones en la medición de la desigualdad

El informe también señala que medir la desigualdad es complicado en este contexto. La volatilidad de los ingresos, típica en el ámbito laboral informal, tiende a distorsionar los indicadores tradicionales. Las mediciones de ingresos podrían sobrestimar las brechas de desigualdad si las comparamos con aquellas construidas con base en el consumo, lo que añade otra capa de complejidad al análisis de la evolución social en la región.

En este sentido, se sugiere hacer una medición que contemple tanto ingresos como consumo, dado que los altos niveles de informalidad laboral son una causa central de las deficiencias en la medición. Muchas veces, los ingresos informales no se declaran o se registran de forma incompleta en las encuestas de hogares. Además, suelen ser inestables, ya que dependen de factores temporales.

En Argentina, la situación es particular. Hay una desocupación abierta de 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, según el INDEC. Sin embargo, un 43% de los trabajadores se encuentra en la informalidad. Comparando con otros países de la región, Argentina tiene una tasa más alta que Brasil y México, aunque la tasa de pobreza relativa es menor.

El Banco Mundial menciona que la estructura del mercado laboral, junto con la escasez de oportunidades de empleo formal y los problemas en las mediciones, limita la movilidad social y retrasa los avances en pobreza y desigualdad.

Ante este panorama, el desafío no solo se presenta en la generación de empleo, sino en modificar su composición. Es fundamental aumentar la productividad, mejorar la calidad de los puestos de trabajo y fortalecer las instituciones. Estas son condiciones esenciales para que el crecimiento económico se traduzca en mejoras sociales sostenidas.

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