La inflación vuelve a ser tema central con Warsh en la Fed

El presidente Donald Trump logró lo que quería. El Senado aprobó la designación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed, con un voto de 54 a 45. Este apoyo vino mayoritariamente de la bancada republicana, aunque el senador demócrata John Fetterman también se sumó. Warsh tomará el mando justo en el momento que Jerome Powell, otro escogido por Trump, se alejaba de su puesto después de haber estado al frente desde 2018. Así, Warsh estará listo para presidir la próxima reunión del comité de Mercado Abierto, que se realizará en junio. Los mercados no anticipan cambios en la política de tasas de interés, pero Trump está esperanzado en un recorte. Sin embargo, con la inflación actual, incluso Warsh tendría dificultades para complacerlo. Y es que, a raíz de la guerra en Irán, la realidad de precios altos es innegable.

Warsh asume, pero Powell no se va. Powell sigue en su puesto hasta 2028, y su presencia se siente fuerte. El que deja su lugar en la Junta de Gobernadores es Stephen Miran, exfuncionario que Trump colocó en la Fed. Miran siempre se mostró en disidencia, intentando suavizar las decisiones sin lograr consenso, como si fuese una extensión de Trump. Aunque, para ser justos, nunca llegó a proponer tasas al 1% como le gustaría al presidente.

La Fed se verá reforzada con este cambio. Miran era más bien irrelevante, pero Warsh, con su experiencia previa, no lo será. No habrá dos presidentes en la Fed; Warsh dirigirá la agenda, mientras que Powell no obstaculizará su liderazgo. Desde afuera, la Fed siempre sigue la línea de su presidente. Aunque, a menudo, hay discusiones internas profundas que son menos visibles. La dinámica de estos debates alimenta las decisiones consensuadas que son anunciadas públicamente.

Warsh llega con más bagaje. Su experiencia como banquero y su conocimiento de la estructura interna gracias a su paso anterior por la Fed serán esenciales. Si busca liderar, tendrá que navegar por un entramado de opiniones y argumentos sólidos, empleando su astucia. Fue su afinidad con Trump lo que le permitió regresar a la Fed, pero una vez confirmado, esa conexión será menos relevante. Esta es una lección que Powell aprendió: el liderazgo se construye, no se impone.

El regreso de la inflación

La Fed es una institución y su contexto también lo es. La inflación volvió con fuerza, y Trump se encuentra en una posición compleja. En 2018, sus recortes de impuestos obligaron a Powell a aumentar las tasas para controlar una economía en expansión. En aquel momento, la inflación era solo un problema potencial; hoy, la situación es muy distinta. Mantener a raya la inflación es la tarea más crítica del banco central.

Desde 2021, la inflación ha superado el objetivo anual del 2%. La guerra en Irán, que comenzó a finales de febrero, ha agudizado la situación. El deseo de Trump por alcanzar la paz es evidente, pero no ha logrado poner fin a las hostilidades ni a sus efectos. Las restricciones en el estrecho de Ormuz continúan afectando el suministro de energía y otros insumos vitales. Si esta situación no mejora pronto, las consecuencias serán serias.

En EE. UU., la inflación minorista subió un 0,6% en abril, después de un aumento del 0,9% en marzo, alcanzando una variación interanual del 3,8%. La inflación subyacente y otras métricas también mostraron un crecimiento, indicando señales preocupantes. Los precios mayoristas y los costos de importación están en aumento, lo que sugiere que los desafíos están a la vuelta de la esquina.

El peso de la guerra

La Fed bajo Powell mantuvo una postura de espera ante el impacto de la guerra. No hizo cambios en las tasas, dejándolas en el rango del 3,50% al 3,75%. Esta mentalidad de “ver y esperar” es la que heredará Warsh. Sin embargo, los mercados de renta fija ya han comenzado a ajustar sus tasas al alza. La tasa a dos años, que antes estaba por debajo del rango, ya está por encima del límite, lo que indica un horizonte más optimista para la Fed.

No solo las tasas cortas están subiendo, sino que toda la curva está en aumento, lo que indica que las repercusiones van más allá de los problemas inmediatos. Las señales son claras, y aunque la Fed continúa con su enfoque cauteloso, el aumento de la inflación no espera.

El nuevo liderazgo de Warsh asumirá en un contexto lleno de desafíos. La bolsa está alcanzando récords, pero la preocupación persiste sobre el posible impacto recesivo de la guerra. Las expectativas de largo plazo se mantienen, pero la urgencia aumentará a medida que avance el año.

Warsh tendrá que construir su reputación, tanto adentro como afuera de la Fed. Los mercados anticipan que las tasas tendrán que aumentar antes de que finalice el año, lo que obligará a una postura más firme de su parte. Al final del día, es mejor tomar las riendas que dejarse llevar por un comité en desacuerdo.

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