La ciencia forense que identifica a personas desaparecidas
En los primeros años en el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Mariella Fumagalli dedicó su tiempo a escuchar y entrevistar a familiares que sufrieron la desaparición de sus seres queridos. “Fue una etapa reveladora”, afirma, subrayando la importancia de comprender la dimensión humana de esta tragedia antes de enfrentar la fría realidad de los restos humanos. Este trabajo de campo fue crucial para desarrollar hipótesis y entender el impacto del dolor que atraviesa a tantas familias argentinas.
El primer caso formal se presentó cuando el EAAF recuperó restos óseos en la Asesoría Pericial de La Plata. En 1984, antes de los juicios a las Juntas Militares, se habían realizado pedidos para investigar en los cementerios de Buenos Aires, dado que muchos cuerpos NN habían ingresado durante la dictadura. Si bien se realizaron exhumaciones, estas fueron ineficientes y no se lograron clasificar adecuadamente los restos, lo que complicó la identificación de las víctimas. En 2002, algunos de esos restos se reinhumaron y otros fueron llevados a un depósito en La Plata.
Desde allí, el EAAF tuvo que lidiar con bolsas que contenían restos mezclados. La tarea era reconstruir individuos, buscar similitudes y combinar cuerpos para luego validar esos hallazgos con estudios genéticos. Fumagalli recuerda que, desde 2007, el Laboratorio de Genética Forense propio permitió revolucionar la rapidez y precisión en las identificaciones.
“Descubrir la identidad de un cuerpo es un proceso impactante”, relata Fumagalli. Este hallazgo no solo representa un avance científico, sino que también proporciona a las familias una verdad que les ayuda a cerrar heridas que permanecían abiertas durante décadas. Hablar de estos casos es mantener viva la memoria contra los crímenes de lesa humanidad.
La Perla: el infierno cordobés
Para captar la magnitud de lo que ocurrió en La Perla, es necesario ir a los inicios de la dictadura. Este centro clandestino comenzó a operar inmediatamente después del golpe de Estado, bajo el mando del general Luciano Benjamín Menéndez, uno de los represores más crueles, condenado después por crímenes de lesa humanidad. La Perla funcionó entre 1976 y 1978, aunque se reportan detenidos hasta 1980.
Las cifras son aterradoras: entre 2.200 y 2.500 personas pasaron por este lugar, de las cuales la mayoría sigue desaparecida. Solo unos 200 sobrevivieron. En este centro, la tortura, las ejecuciones y los enterramientos clandestinos eran comunes. Algunos secuestrados llegaron desde otros centros de detención en Córdoba, como el Departamento de Informaciones (D2).
La historia de La Perla no se detiene allí. En 1979, ante la visita inminente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los militares llevaron a cabo una acción desesperada para ocultar las evidencias: desenterrar cadáveres. Un informe administrativo, revelado en 2004, confirmaría fusilamientos y remoción de cuerpos, revelando la desesperación de los represores ante la llegada de la comisión.
Una aguja en un pajar de 10.000 hectáreas
Recientemente, un hallazgo importante se produjo en La Perla. “Sabíamos que los restos estaban ahí, pero encontrarlos era como buscar una aguja en un pajar de 10.000 hectáreas”, comenta Fumagalli. La búsqueda comenzó en 2023 y se llevó a cabo en la zona llamada “Loma del Torito”, con la coordinación de Fumagalli y Silvana Turner. La labor no se termina aquí; aún hay más terreno por explorar.
La metodología de Silvana Turner: ciencia, tecnología y paciencia forense
La antropóloga Silvana Turner detalla el arduo proceso que permitió identificar 12 cuerpos. “El terreno era un verdadero desafío”, sostiene. La estrategia incluyó testimonios de sobrevivientes, imágenes satelitales y el uso de tecnología LiDAR. Esto permitió identificar áreas prioritarias para la búsqueda.
Utilizando registros de 1979, el equipo logró definir zonas de intervención más precisas. Sin embargo, los procesos se complicaron al encontrar restos óseos fragmentados, que deben ser identificados a pesar de las alteraciones sufridas, producto de las remociones.
El 26 de septiembre de 2024, los hallazgos fueron confirmados por la Justicia Federal. Era la primera vez en casi 50 años que aparecían evidencias materiales en el excentro clandestino. Los análisis indicaron que los enterramientos originales fueron removidos para ocultar pruebas, aunque las técnicas arqueológicas lograron detectar rastros de los movimientos.
La genética como herramienta clave
El análisis genético es crucial en este proceso. Aunque se recuperan fragmentos pequeños, la tecnología moderna permite identificar perfiles de ADN. “Incluso un diente puede proporcionar datos valiosos”, explica Turner, destacando la importancia de que las familias continúen aportando muestras para facilitar las identificaciones.
Los resultados obtenidos corresponden a las primeras comparaciones realizadas con el material recuperado en 2023, y la búsqueda no se detiene. “No se trata solo de identificar cuerpos completos, sino de demostrar que esas víctimas fueron enterradas aquí y probar los crímenes de la dictadura”, aclara Turner.
“Lo sacamos de ese lugar doloroso”: las voces de los familiares
La identificación de los 12 cuerpos no solo tiene un valor científico, también representa un cierre para muchas familias que buscaron respuestas durante casi medio siglo. Las reacciones son variadas, atravesadas por una compleja mezcla de alivio y tristeza.
Rodolfo Reyes, que tenía solo siete años cuando secuestraron a su padre, Oscar Omar Reyes, destaca que esta confirmación trae un cierre familiar. “Esto confirma todo lo que buscamos durante tantos años”, expresó Rodolfo. Por otro lado, Gustavo Bustillo habló de la liberación que significa para su familia reencontrarse con la memoria de su hermano, Ramiro Sergio.
Las historias de desaparecidos son profundamente personales y familiares, y cada identificación vuelve a contar un relato que había quedado oculto en el silencio.
Las mellizas Carranza: una identificación, dos historias
Una de las identificadas es una de las hermanas mellizas, Adriana o Cecilia Carranza, que fueron secuestradas en 1976. Aunque no se pudo determinar a quién pertenece el resto hallado, su historia resuena con fuerza.
Marcela Sanmartino, sobrina de las mellizas, recuerda el impacto que su desaparición tuvo en la familia, y cómo este hallazgo representa una especie de reparación. La medalla de Graciela, recuperada entre los restos, añade otra capa a estas reconstrucciones humanas y reitera que cada hallazgo trae consigo historias y memorias que merecen ser contadas.
La medalla de Graciela: un objeto que cierra el círculo
El trabajo del EAAF va más allá de recuperar restos óseos. Durante las excavaciones apareció una medallita que pertenecía a Graciela Geuna. Este objeto, que la sobreviviente había recibido de sus padres, se convirtió en un símbolo de la memoria y la búsqueda de cierre para quienes vivieron esos años de horror.
“Gracias a esa medallita, sé que estuvo ahí”, confesó Graciela. A pesar del tiempo y el sufrimiento, este hallazgo ayuda a reestablecer conexiones perdidas y resaltar la necesidad de dar voz a la memoria colectiva.
El puente hacia la verdad
Los 12 cuerpos identificados en La Perla son Ramiro Sergio Bustillo, José Nicolás Brizuela, Raúl Oscar Ceballos Cantón, y las hermanas mellizas Carranza, entre otros. Este trabajo artesanal del EAAF permite conectar a las familias con su historia truncada.
Mariella Fumagalli menciona que son un “puente hacia la verdad”, y enfatiza la importancia de explicar qué se puede y no se puede hacer. A medida que se cumplen 50 años del golpe, el EAAF tiene la tarea de seguir adelante en una “carrera contra el tiempo”, enfrentando la complejidad de las búsquedas y el financiamiento, mientras muchos restos aún esperan ser identificados.
La búsqueda continúa y cada paso es un recordatorio de la necesidad de mantener viva la memoria colectiva y el compromiso con la justicia.