Falleció Luiz Carlos Barreto, productor del cine brasileño
Esta semana, el cine latinoamericano perdió a un gigante: Luiz Carlos Barreto. Su legado en el mundo del cine es inmenso, con seis décadas de trabajo que lo llevaron a producir algunas de las películas más memorables de Brasil. Era un hombre de gran estatura, tanto física como artística, conocido por sus charlas profundas y su calidez.
Barreto nació en un pequeño pueblo de Ceará, en un estado del noreste brasileño que, a pesar de sus limitaciones, contaba con buenas escuelas. Luego se mudó a Rio de Janeiro, donde se unió a la sub 17 del Flamengo y comenzó su camino en el mundo de la fotografía, trabajando para la revista “O Cruzeiro”. Su carrera dio un giro inesperado al participar en el guion de un policial exitoso, “Asalto al tren pagador”, en 1962. Pronto se unió al equipo de “Vidas secas”, una adaptación de la novela de Graciliano Ramos que se convertiría en un pilar del Cinema Novo Brasileiro.
Compromiso y creatividad
Barreto no solo se destacó como productor, sino que también fue un ferviente defensor del cine como una industria cultural. A través de su productora familiar, produjo obras que abordaban la realidad social y política de Brasil. Entre sus películas más notables se encuentran “Tierra en trance”, de Glauber Rocha, y obras más ligeras como “La dama del autobús”. También exploró adaptaciones literarias y comedias que reflejan la picardía carioca. Una de sus películas emblemáticas, “Cómo era gostoso o meu francés”, rompió moldes y fue un acto de valentía durante la dictadura militar, ya que mostraba la desnudez sin censura.
Una lucha constante
A lo largo de su carrera, Barreto enfrentó numerosos desafíos. La censura fue un obstáculo significativo, especialmente en sus primeras obras, pero continuó luchando por la libertad de expresión. En la década de 1980, durante el gobierno de Collor de Melo, el cine brasileño sufrió un gran golpe, pero un cambio en las políticas fiscales en 1995 revitalizó la industria. La comedia “O quatrilho”, producida por Barreto, fue una de las primeras en beneficiarse de estas nuevas leyes y le dio un respiro al cine nacional.
Familia y legado
Los hijos de Barreto también dejaron su huella en el séptimo arte. Bruno, el mayor, dirigió “Doña Flor y sus dos maridos”, y Fábio, aunque su carrera se vio interrumpida por un accidente, también tuvo éxito con “Lula, hijo de Brasil”. Por su parte, Paula se ha convertido en un pilar de la productora familiar, apoyando a sus padres a lo largo de los años.
Barreto nunca dejó de luchar por su pasión. Participó en festivales como el de Mar del Plata y continuó creando. Su última película, “Joao el maestro”, obtuvo un gran éxito y mostraba su compromiso con la cultura. Era un hombre lleno de planes, incluido un proyecto sobre las leyendas del fútbol brasileño.
El legado de Barreto vive en su familia y en todas las películas que ayudó a que el mundo conociera. Su viaje llegó a su fin, pero su impacto en el cine y en la cultura brasileña es imborrable.