Estimación de 34 monotributistas para un haber promedio
El monotributo ha ido ganando espacio como forma de inserción laboral en Argentina, y esto tiene un impacto directo en cómo se sostiene el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Aunque este régimen ha logrado incluir a millones de trabajadores independientes en la formalidad, sus aportes son bastante bajos. Esto, aunado a la gran cantidad de trabajadores informales y al envejecimiento de la población, genera tensiones en el financiamiento de las jubilaciones.
Hoy en día, casi se requieren 34 monotributistas para financiar una jubilación promedio, y 3,5 trabajadores en relación de dependencia. Para una jubilación mínima con bono, la cifra es casi igual de abrumadora: se necesitan 23 monotributistas frente a 2,4 asalariados. Esta situación destaca la desproporción existente entre los distintos tipos de aportantes.
Desde noviembre de 2023, se han sumado 150.158 monotributistas al sistema. En contraste, la cantidad de trabajadores registrados ha disminuido, perdiéndose 329.667 puestos de trabajo en un contexto donde más de 44% de los ocupados labora en la informalidad, lo cual representa a más de nueve millones de personas sin hacer aportes previsionales.
Más monotributistas, pero con menor nivel de aportes
En el contexto actual, el SIPA cuenta con unos 10,3 millones de aportantes para 7,5 millones de beneficios previsionales. De este total, el 74% corresponde a trabajadores en relación de dependencia, mientras que el 26% son independientes. Dentro de este último grupo, 2,2 millones son monotributistas.
Es interesante ver cómo la participación de los monotributistas ha más que duplicado en casi tres décadas: pasó del 9% en 1998 a más del 20% en marzo de 2026. Aunque hubo un aumento en la cantidad de monotributistas que aportan, no se traduce en un aumento significativo en los recursos del sistema. Un trabajador en relación de dependencia aporta, en promedio, el 11,2% de su ingreso, mientras que un monotributista apenas contribuye con un 1,1%.
La mayoría de los monotributistas está en las categorías más bajas
La diferencia entre los aportes de un empleado registrado y de un monotributista se debe, en gran parte, a la categoría en la que se encuentran. Más de la mitad de los monotributistas están en la categoría A. Además, casi dos tercios de los monotributistas se concentran entre las categorías A y B, que son las de menor facturación.
Esto ha permitido que muchos trabajadores independientes, que de otro modo no estarían en el sistema, se formalicen. Sin embargo, el extenso mercado laboral argentino sigue atravesando grandes desafíos. Por ejemplo, se prevé que el porcentaje de la población mayor de 65 años pasará del 12% en 2022 al 17% en 2040. Esto plantea una carga adicional, ya que aumenta la cantidad de jubilados a una población activa que aún presenta un alto nivel de informalidad y aportes menores.
Con respecto a los recursos, hoy en día, los ingresos por aportes personales y contribuciones patronales no son suficientes para cubrir el gasto previsional, que incluye diferentes beneficios como la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). El SIPA actualmente enfrenta un déficit cercano al 2% del PBI, lo que lleva a depender de transferencias del Tesoro Nacional.
La mirada hacia adelante de la Fundación Mediterránea
La Fundación Mediterránea menciona que el debate sobre una posible reforma previsional no debería limitarse a aspectos como la edad de jubilación o requisitos de acceso. También es fundamental considerar las transformaciones del mercado laboral en los últimos años.
Asimismo, se destaca que, en los últimos tres años, el poder adquisitivo del haber medio se ha reducido un 13%, mientras que la jubilación mínima con bono cayó un 20%. Con cerca de un millón de personas mayores de 65 años aún trabajando, esto representa un 4,6% del total de ocupados en el país.
En resumen, la informalidad y el aumento de monotributistas con aportes reducidos han cambiado estructuralmente el mercado laboral en el que se basa el sistema. Reconocer estas transformaciones es crucial para diseñar una reforma más sostenible y adecuada a las realidades actuales.