El primer ataque hutí a Israel intensifica el conflicto en Yemen
La escalada del conflicto entre Israel e Irán ha dado un nuevo giro con un ataque significativo a instalaciones nucleares e industriales en Irán. Este movimiento sigue a las advertencias de Tel Aviv sobre “intensificar y ampliar” sus operaciones en la región. Y todo esto transcurre en un marco de gestiones diplomáticas que, hasta ahora, no muestran signos claros de desescalada.
Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Israel bombardeó el viernes por la noche dos plantas siderúrgicas en Irán. Una de ellas estaba en la provincia de Juzestán y utilizaba material radiactivo, mientras que también fue atacada la instalación de agua pesada en Arak, crucial para la producción de plutonio en el país. Afortunadamente, el OIEA confirmó que no se detectaron riesgos de radiación tras los ataques.
Los efectos de estos bombardeos también se sintieron en la infraestructura energética iraní. Medios de comunicación locales reportaron la muerte de al menos una persona por un ataque al complejo siderúrgico de Isfahán, donde se registraron daños en dos centrales eléctricas que alimentan la planta.
Por su parte, la agencia nuclear iraní anunció que una de sus instalaciones en la provincia de Yazd, que produce “torta amarilla” o yellowcake, fue blanco de los ataques. Sin embargo, afirmaron no haber registrado ninguna liberación de materiales radiactivos al exterior.
En el ámbito político, la reacción de Irán no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, advirtió que el país hará que Israel pague un “alto precio” por estos ataques. En los últimos días, medios locales habían mencionado una lista de posibles objetivos en la región, como plantas desalinizadoras y hasta una central nuclear en Emiratos Árabes Unidos, lo que indicaría que la represalia podría ser más amplia de lo esperado.