El megaproyecto de 46.000 millones que enfrenta a EE.UU.
Durante años, en muchas áreas de la frontera entre Argentina y sus vecinos, solo había un simple alambre de púa. Hoy, sin embargo, la realidad ha cambiado. Ya se están construyendo estructuras de acero que alcanzan hasta nueve metros de altura. Estas no son solo paredes: vienen acompañadas de cámaras, sensores, radares, inteligencia artificial y torres de vigilancia que se extienden a lo largo del límite con otros países.
Las autoridades explican que este nuevo enfoque ayuda a liberar efectivos para otras tareas importantes. Mientras tanto, los sistemas electrónicos se encargan de monitorear una gran parte de la frontera, lo que permite una vigilancia más eficiente.
El impulso del gobierno de Donald Trump
Desde su campaña presidencial, Donald Trump hizo del fortalecimiento de la frontera con México una de sus principales prioridades. Con una nueva asignación presupuestaria de u$s46.000 millones, la CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza) ha comenzado a firmar contratos millonarios para ampliar este sistema.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, ha asegurado que una primera fase del proyecto estará lista “para esta misma fecha del próximo año”. Actualmente, se está trabajando en 10 kilómetros de muro por semana. Desde principios de junio de 2026, se espera que se hayan levantado un total de 119 kilómetros de barreras, con planes para seguir avanzando en los próximos tiempos.
Sin embargo, no todo es tan simple. Alrededor de 861 kilómetros de los casi 3.200 kilómetros de frontera no tendrán un muro convencional, debido a las características geográficas del terreno. En esas áreas se instalarán sensores, torres de vigilancia y otros dispositivos electrónicos. Además, se están realizando mejoras en sectores ya construidos, como incorporación de iluminación, caminos para patrullaje y equipos tecnológicos nuevos.
Por ejemplo, en el estado de Texas, donde el Río Grande delimita gran parte de la frontera con México, comenzaron a agregar boyas cilíndricas de entre 3,7 y 4,5 metros para complicar el paso de migrantes y contrabandistas.
Una frontera cada vez más vigilada
Este proyecto marca un cambio profundo en la forma en que opera la CBP. Desde los ataques del 11 de septiembre, su infraestructura ha evolucionado notablemente. Hoy en día, la vigilancia incluye cámaras térmicas, radares, sensores de movimiento, sistemas infrarrojos y redes de fibra óptica bajo el suelo que pueden detectar desplazamientos por el terreno.
Las torres de vigilancia analizan automáticamente las imágenes mediante algoritmos de inteligencia artificial, alertando a los agentes ante actividades sospechosas. Algunas de estas torres están montadas en camiones, lo que permite su movilidad a distintos puntos en la frontera.
Además, la legislación aprobada por el Congreso exige que la CBP utilice exclusivamente torres autónomas, lo que ha llevado al despliegue de 95 nuevas unidades. Las redes de fibra óptica también registran vibraciones y movimientos, lo que suma una capa adicional a la vigilancia.
Organizaciones civiles critican el proyecto
El avance de este llamado “muro inteligente” ha generado críticas de organizaciones que defienden los derechos civiles y de comunidades cercanas a la frontera. Ricky Garza, asesor de políticas fronterizas, advierte sobre el aumento de la vigilancia que afecta a la población local. “Estamos viendo una enorme expansión de la vigilancia en toda la región fronteriza”, señala.
Según estas organizaciones, el muro, en cualquiera de sus formas, perjudica a las comunidades y empuja a los migrantes hacia rutas más peligrosas para evitar ser detectados. Los residentes de la zona también han denunciado la instalación de sensores y cámaras en propiedades privadas sin permisos. Nayda Álvarez, quien vive cerca del Río Grande, se sorprendió al encontrar una torre de vigilancia junto a su casa. “¿Estamos esperando una guerra?”, se preguntó, añadiendo que no se siente más segura por estas medidas.
Además de las críticas sociales, se cuestiona el gran costo del programa. Grupos como Taxpayers for Common Sense piden una evaluación más profunda sobre la efectividad de estas nuevas tecnologías, recordando el fracaso del “muro virtual” durante la presidencia de Barack Obama, que fue cancelado en 2011 debido a sobrecostos y problemas técnicos.
Persisten las resistencias en la frontera
En regiones como Big Bend en el sur de Texas, la oposición a este proyecto ha unido a dirigentes de diferentes partidos, preocupados por el impacto que podrá tener en parques nacionales y reservas naturales. En respuesta a estas objeciones, la CBP ha cambiado algunos de sus planes, descartando la construcción de un muro de acero de 9 metros en esa zona y proponiendo caminos de patrullaje y tecnologías de vigilancia.
Sin embargo, las inquietudes siguen presentes. Clara Benson, cofundadora de No Big Bend Wall, ha señalado que incluso la instalación de sistemas de iluminación puede afectar el atractivo natural de la región, especialmente sus famosos cielos nocturnos. “Todavía hay mucho miedo y angustia de que el plan sea perjudicial”, concluyó sobre la situación en la frontera estadounidense.