El hombre que llevó el cine argentino a la cima mundial

Este 21 de abril de 2026, el cine argentino vive un día triste. Luis Puenzo, un cineasta que rompió barreras y llevó nuestras historias a un público más amplio, ha fallecido a los 80 años. La noticia, confirmada por sus cercanos y la Sociedad General de Autores (Argentores), ha causado una gran conmoción en el ámbito cultural de nuestro país.

Puenzo no fue solo un director. Fue un verdadero estratega de la industria y, sobre todo, un contador de historias que supo reflejar las cicatrices de una sociedad que empezaba a salir de su noche más oscura.

De la publicidad a la pantalla grande: los primeros pasos

Nacido el 19 de febrero de 1946, Luis Adalberto Puenzo inició su carrera en el mundo de la publicidad. Durante los años 60 y 70, se destacó como un prodigio en el área, incluso fundando su productora, Luis Puenzo Cine (más tarde llamada Cinemanía). En ese lugar, perfeccionó su técnica visual y su habilidad de contar historias, habilidades que luego aplicaría en sus filmes.

Su primer largometraje llegó en 1973 con Luces de mis zapatos, una película destinada al público infantil que ya mostraba su interés por conectar con el público sin perder de vista la calidad. Sin embargo, la situación política de Argentina a finales de los 70 y principios de los 80 lo obligó a esperar para que su talento pudiera brillar plenamente. Ese momento llegó con la vuelta de la democracia en 1983.

1985: el hito de “La historia oficial” y el primer Oscar

Es imposible hablar de Puenzo sin mencionar 1985, el año de La historia oficial. Coescrita junto a la talentosa Aída Bortnik, la película abordó de manera directa la problemática de la desaparición de personas y la apropiación de bebés durante la última dictadura cívico-militar.

La actuación de Norma Aleandro y Héctor Alterio dio voz a la clase media argentina, que comenzaba a entender la realidad aterradora que había vivido. La película fue un éxito rotundo en el país y un fenómeno internacional.

El 24 de marzo de 1986, justo diez años después del golpe de Estado, Norma Aleandro pronunció el histórico “God bless you” al anunciar que Argentina había ganado su primer Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera, después de las nominaciones de La Tregua (1974) y Camila (1984). Este Oscar no solo dejó claro que el cine argentino podía competir a nivel internacional, sino que también llevó el debate sobre derechos humanos a todo el mundo.

El salto a Hollywood y la proyección global

Tras el éxito de La historia oficial, Puenzo no se conformó con el éxito local. Se convirtió en uno de los pocos directores argentinos en hacer producciones de alto presupuesto en Estados Unidos y México. En 1989, dirigió Old Gringo (Gringo viejo), basada en la novela de Carlos Fuentes.

Esta producción fue un hito. Puenzo trabajó con leyendas como Gregory Peck y Jane Fonda. Si bien la película tuvo críticas mixtas en su lanzamiento, hoy se la reconoce por su complejidad narrativa. Luego, continuó su camino con La Peste (1991), una adaptación ambiciosa de la obra de Albert Camus filmada en una Buenos Aires que simulaba ser Orán, protagonizada por William Hurt y Robert Duvall.

La ley de Cine de 1994

En un contexto en el que la industria del cine argentino enfrentaba grandes desafíos, el legado de Luis Puenzo va más allá de lo que podemos ver en una pantalla. Fue uno de los impulsores de la Ley Nº 24.377/94, conocida como la Ley de Cine.

Antes de esta ley, el cine argentino vivía en constante fragilidad, dependiendo de presupuestos limitados. Puenzo entendió que era necesario construir una estructura institucional sólida para fortalecer la producción nacional.

Puntos clave de la Ley:

  • Autonomía del INCAA: El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales dejó de depender directamente del gobierno central.
  • Fondo de Fomento Cinematográfico: Se estableció un sistema de financiamiento a través del impuesto a las entradas de cine y un porcentaje de la facturación de los servicios de comunicación.
  • Impulso a la producción: Esto permitió que, en las siguientes décadas, Argentina pasara de producir unas pocas películas al año a más de 200, dando lugar al “Nuevo Cine Argentino”.

Su gestión al frente del INCAA (2019-2022)

En diciembre de 2019, Puenzo aceptó presidir el INCAA durante la gestión de Alberto Fernández. Su mandato estuvo marcado por los desafíos que trajo la pandemia de COVID-19, que paralizó los rodajes en todo el mundo.

Implementó medidas de emergencia para sostener a los trabajadores del sector y buscó modernizar los sistemas de apoyo, aunque su enfoque riguroso generó tensiones con algunos sectores que pedían más agilidad. Esto llevó a su salida en abril de 2022.

Un legado que trasciende generaciones

El apellido Puenzo es, sin duda, sinónimo de cine en Argentina. Luis dejó no solo su filmografía, sino que también fue mentor y productor de nuevas generaciones de cineastas. A través de su productora familiar, Historias Cinematográficas, apoyó obras como Infancia clandestina y los proyectos de sus hijos.

Lucía Puenzo, su hija, ha continuado este legado con títulos como XXY y Wakolda. Para Luis, el cine era un oficio familiar, pero también una responsabilidad cívica. Fue fundador y presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, buscando siempre elevar el prestigio del cine nacional.

Su partida deja un vacío enorme, pero su influencia y su visión sobre el cine como herramienta de democracia y soberanía cultural seguirán resonando en las futuras generaciones.

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