El campo sufre mientras Madanes celebra

No olvidemos que en la Guerra del Golfo anterior, entre 1990 y 1991, Argentina fue el primer país latinoamericano en participar del bloqueo a Irak con el “Operativo Alfil”. Todo esto ocurrió con un simple decreto y en un contexto donde la situación económica era más favorable, con recursos y Fuerzas Armadas preparadas.

Precio del petróleo y crisis

Desde que Israel, respaldado por EE.UU., decidió atacar Irán, el precio del petróleo ha aumentado significativamente. Esta subida supera a las crisis anteriores. Esto impacta directa y duramente en el campo, que enfrenta no solo el aumento de costos para operar maquinaria, que puede estar entre un 10% y un 15% según la zona y el tipo de cultivo, sino también en los fletes, que son claves en nuestro extenso país.

El costo del transporte a puertos puede representar entre un 10% y un 20% del precio de los granos, dependiendo de diversos factores. Aquí, el gasoil representa cerca del 33% al 38% del costo total de flete. Es impresionante pensar que ya hoy en día el transporte interno de granos en Argentina es alrededor de un 30-32% más caro que en Brasil o EE.UU.

Si miramos más a fondo, en el caso de la soja, entre el 15% y el 25% de los gastos son para fertilizantes y agroquímicos; en trigo, del 20% al 30%; y en maíz, del 25% al 35%. Aunque se espera que Argentina sea autosuficiente en fertilizantes en un par de años, en la actualidad, un 63% de la urea que se utilizó el año pasado se importó del Golfo.

El gran problema no es solo el precio de los fertilizantes, sino la disponibilidad. Con el conflicto en el Golfo, que abarca casi la mitad de las exportaciones globales de fertilizantes, la llegada de estos insumos está totalmente parada.

Lo sufre

Mientras esta guerra afecta los precios y la disponibilidad de los insumos, el campo argentino se ve entre la espada y la pared. Con cada incremento del 10% en el gasoil, los costos de producción suben entre un 1,5% y 3,5%. Esto es crucial, ya que casi el 70% de los campos de soja, maíz y trigo están arrendados, y los márgenes de ganancia son muy ajustados, lo que puede resultar en un año muy complicado.

Además, el aumento de combustibles en Argentina no solo se debe a precios internacionales, sino a un “atraso” que se venía arrastrando y que la guerra ha mostrado como excusa para ajustarse de nuevo.

Lo celebra

Por otro lado, hay quienes se benefician. Javier Madanes, por ejemplo, celebra el anuncio de que la mayor fundidora de aluminio del mundo suspenda operaciones. Alba, su planta, representa una gran parte de la producción mundial de aluminio, y el cierre de competidores le da acceso a mejores mercados y precios.

El argentino Aluar, aunque no es de los más grandes a nivel global, juega en una liga competitiva al exportar gran parte de su producción. Sin embargo, las decisiones de los gobiernos, como tarifas altas de exportación, lo ponen en una posición complicada. Si bien quieren lograr más despachos a otros mercados, la incertidumbre persiste y puede ser el umbral para la ruina.

¿Y la guerra?

Es difícil predecir cuánto tiempo durará el conflicto y cómo afectará al mundo y a nuestra economía. No hay dudas que Donald Trump quiere solucionarlo pronto, pero todo depende de cómo se muevan los precios del petróleo y de las decisiones que tome en el camino.

En resumen, aunque se hagan proyecciones, queda claro que los efectos de la guerra en Argentina son inciertos, pero parecen llevarnos hacia tiempos complicados.

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