El cambio de Trump en Ormuz revela dudas de EEUU sobre Irán

La situación entre Estados Unidos e Irán ha tomado un giro inesperado. Tras una serie de tensiones, el presidente Donald Trump propuso la implementación de un arancel del 20% para los buques que pasaran por el estratégico Estrecho de Ormuz. Sin embargo, a las pocas horas, dio marcha atrás con la idea. Este cambio rápido ha hecho que muchos analistas se pregunten si el fin de este conflicto está más lejos de lo que se pensaba.

En una publicación matinal de este lunes, Trump había anunciado que se reanudaría el bloqueo naval estadounidense a la navegación iraní. Él afirmaba que todos los barcos que transitaran por Ormuz, incluso aquellos aliados de Estados Unidos, deberían abonar una tasa para “cubrir los costos de seguridad” en esta zona conflictiva. Sin embargo, al día siguiente, Trump abandonó toda la propuesta y optó por buscar “acuerdos comerciales y de inversión” con los aliados del Golfo.

Este cambio de estrategia se produce en el marco de un conflicto que lleva varios meses. Todo se intensificó después de un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en Irán que resultó en la muerte del líder supremo Alí Jameneí. Aunque en junio se firmó un memorando de entendimiento que garantizaba un alto el fuego temporal, la realidad es que la paz sigue siendo esquiva.

El conflicto ha demostrado ser un verdadero desafío, como lo menciona Rosemary Kelanic, directora de un programa sobre Medio Oriente. Ella opina que esto se ha convertido en una especie de guerra de desgaste, que suele prolongarse más de lo previsto. “Es probable que no haya un final pronto”, agrega, lo que deja a todos pensando en el futuro incierto de la región.

Por su parte, Elliot Abrams, un destacado investigador sobre Medio Oriente, se muestra igualmente escéptico. Él sostiene que la situación está estancada: la pregunta fundamental es quién tiene más paciencia, si los iraníes, quienes enfrentan dificultades para exportar petróleo, o Estados Unidos y otros países dependientes del petróleo del Golfo.

Mientras tanto, el gobierno iraní comienza a desplegar señales de que podría ampliar el conflicto a otras áreas estratégicas, como el Mar Rojo. Con una clara desventaja militar, Teherán está utilizando su influencia en el paso marítimo de Ormuz como palanca para la negociación. Además, podrían recurrir a los hutíes de Yemen para intentar cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb, un camino crucial para el comercio mundial.

Mientras Washington intensifica sus ataques sobre Irán, también aumentan las operaciones de los hutíes. Esta dinámica sugiere que la disputa no solo se limitará al Golfo Pérsico, sino que podría abarcar dos de los corredores energéticos más importantes del mundo. La situación es compleja, y las próximas semanas serán decisivas para entender hacia dónde se dirige este conflicto.

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