Dejó la escuela a los 14 y creó un imperio de papas fritas
La vida de J.R. Simplot parece sacada de un cuento. Nació en una familia humilde y, a los 14 años, dejó la escuela para lanzarse al mundo laboral en Idaho. Con el tiempo, sus pequeños negocios rurales lo llevaron a construir una de las compañías agroindustriales más exitosas de Estados Unidos.
Aunque muchos lo conocen por sus papas congeladas, que revolucionaron la comida rápida, su fortuna se disparó aún más gracias a una inteligente inversión en tecnología, convirtiéndose en un referente en el rubro de los semiconductores.
Los primeros pasos de J.R. Simplot como productor agropecuario
John Richard Simplot, como lo llamaban, vino al mundo el 4 de enero de 1909 en Dubuque, Iowa, pero su familia se mudó a Idaho cuando él aún era un bebé. Desde pequeño ayudaba en el campo y, tras dejar la escuela por una discusión con su padre, decidió vivir por su cuenta.
Con un poco de apoyo económico de su madre, comenzó a aprovechar los vales de los docentes locales, comprándolos a precios bajos y usándolos para obtener préstamos. Así empezó a adquirir cerdos y, en tiempos difíciles, se le ocurrió una manera de reducir costos alimentándolos con restos de papa y carne de caballo hervida. El resultado fue sorprendente: logró ganar más de 7,000 dólares, una cifra impresionante para un adolescente de la década del ’20. Con ese dinero, adquirió maquinaria agrícola, amplió sus tierras y comenzó a cultivar papas. Para los 30 años, ya controlaba depósitos y centros de distribución en Idaho y Oregón.
Durante la Segunda Guerra Mundial, su empresa se destacó por proveer cebollas y papas deshidratadas al ejército estadounidense, lo que le permitió expandir su negocio hacia fertilizantes, ganadería, minería y procesamiento de alimentos.
El secreto del éxito: la papa frita perfecta
La gran innovación de Simplot llegó al enfrentarse a un desafío que tenían los restaurantes de Estados Unidos. Las cadenas de comida rápida necesitaban papas fritas iguales en todos sus locales, pero el método artesanal hacía que variararan en sabor, textura y color.
Las papas congeladas de la época tampoco eran una solución efectiva; al congelarse crudas, perdían su atractivo y textura. El equipo de Simplot encontró una solución: primero pelaban y cortaban las papas, luego las blanqueaban con agua caliente antes de hacerles una fritura parcial y finalmente las ultracongelaban para mantener su calidad.
Esta innovación llamó la atención de McDonald’s y de Ray Kroc, quien buscaba estandarizar el menú de la cadena. A mediados de la década del ’60, Simplot firmó un acuerdo con McDonald’s que catapultó su empresa y su fortuna.
Los microchips: una inversión inesperada
A los 70 años, J.R. Simplot tomó una decisión sorprendente: en 1980, invirtió un millón de dólares en una pequeña startup de Boise llamada Micron Technology. Aunque no tenía experiencia en informática, entendía cómo funcionaban los mercados. A cambio de su inversión, se quedó con aproximadamente el 40% de la empresa.
Micron pasó por muchos desafíos, pero su crecimiento fue exponencial durante el auge de la tecnología y, en 2026, alcanzó una capitalización de más de mil millones de dólares. Hoy en día, la demanda de memoria para servidores y centros de datos es enorme.
Una fortuna que deja huella
Cuando falleció el 25 de mayo de 2008, J.R. Simplot contaba con un patrimonio de 3,700 millones de dólares, lo que lo convirtió en el hombre más rico de Idaho y uno de los multimillonarios más longevos de Estados Unidos. Su riqueza provino principalmente de su negocio agroindustrial y de la producción masiva de papas congeladas.
También había mantenido una participación significativa en Micron, que, si se hubiera mantenido, habría tenido un valor monumental en la actualidad. Aunque la familia ya no posee una parte relevante de la empresa, esa inversión sigue siendo un hito en la historia de los negocios estadounidenses.