De gasto a ventaja competitiva para las empresas

La referencia al Artículo 6 del Acuerdo de París no es casualidad. Este marco facilita el comercio internacional de reducciones de emisiones y ya está dando sus frutos, con más de 100 acuerdos bilaterales en marcha. En este panorama, América Latina se está posicionando como una potencia exportadora de carbono, con once países que participan activamente en estos mercados, concentrando cerca del 20% de los acuerdos globales.

Los avances de Argentina en el mercado de carbono

Para Argentina, esto significa un gran paso en una dinámica donde no solo cuenta la cantidad de créditos generados, sino también su calidad. La firma Sylvera, una de las más influyentes en la calificación de créditos de carbono, señala que el mercado está pasando de una lógica enfocada en la cantidad a otra que prioriza la integridad ambiental y la trazabilidad.

Este cambio está llevando a las empresas a profesionalizar sus procesos de medición y certificación. A la par, también eleva el valor de los créditos que están bien estructurados. Sylvera destaca un importante cambio en Argentina: la transición de un mercado concentrado en el volumen hacia uno definido por la calidad y la integridad.

El país está inmerso en una fase de “construcción institucional” acelerada. Según la Mesa Argentina de Carbono, se está utilizando la métrica de Sylvera para validar el potencial de soluciones basadas en la naturaleza (NbS). Ya a principios de 2026, la superficie certificada superará el millón de hectáreas en proyectos de carbono, impulsados en gran parte por actividades como el pastoreo extensivo y la gestión forestal.

Además, se prevé que Argentina pueda atraer inversiones de entre u$s2.200 millones y u$s9.000 millones para 2030, capturando alrededor del 5% del mercado global.

El transporte marítimo como caso de análisis

Los cambios ya son palpables en sectores específicos del país. Tomemos como ejemplo el transporte marítimo, que enfrenta crecientes exigencias de descarbonización que afectan su competitividad. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha establecido objetivos de emisiones netas cero hacia 2050, introduciendo un sistema de clasificación de eficiencia energética que afecta cómo operan los buques.

En este contexto, los créditos de carbono se presentan como una herramienta de transición. El consultor en sustentabilidad Lucas Peverelli explica que al adquirir créditos de carbono y neutralizar su producción, los proveedores van más allá de la simple venta de combustible; están cumpliendo con regulaciones y asegurando su posición en el mercado.

Esto significa que el componente ambiental se integra directamente al valor del producto. “El combustible carbono neutral no es solo un avance ambiental; es una póliza de seguro para la competitividad de las navieras en un mercado que ya no tolera la ineficiencia carbónica”, señala Peverelli.

Las empresas que no se adapten a esta nueva realidad podrían quedar atrás. Por otro lado, aquellas que sí lo hagan, verán nuevas oportunidades de negocio. En el caso marítimo, el uso de combustibles compensados con créditos verificados permite mantener operaciones sin realizar inversiones inmediatas en tecnología, actuando como un “instrumento de transición” que protege la competitividad.

La huella de carbono en el universo pyme

Este fenómeno no se limita solo a las grandes empresas. En Argentina, un cambio significativo se está produciendo en el mundo de las pymes, que están comenzando a ver la sostenibilidad como un activo productivo. La Unión Industrial Argentina (UIA) está impulsando este proceso a través de programas como Ruta X y Ruta Verde, que han asistido a más de 300 empresas y capacitado a cerca de 2.000 personas cada año.

La UIA también presentó una metodología específica para medir la huella de carbono en las pymes, desarrollada junto a organismos como PAGE y la ONUDI. Este enfoque busca democratizar el acceso a estándares globales. “Esta herramienta gratuita que ofrecemos a las pymes de todo el país es la puesta en valor de una convicción institucional: las pymes son un activo clave para el mercado local y la internacionalización de nuestros productos”, afirma Silvio Zurzolo, presidente del Departamento de Educación, Tecnología e Innovación Productiva de la UIA.

Medir es el primer paso. Como menciona Gustavo Guitera, Gerente de Empresa Digital y Desarrollo de Negocios en Siemens Sudamérica, “si una organización no mide su huella de carbono, no puede mejorarla. Las herramientas digitales hacen que esta medición sea posible, precisa y trazable”.

Además, la UIA mantiene una alianza estratégica con Siemens y ha puesto a disposición de la comunidad industrial la plataforma SiGreen para la medición de huella de carbono, totalmente gratuita por dos años, facilitando así el primer paso hacia la descarbonización.

Usar plataformas digitales como SiGreen permite a las empresas integrar datos ambientales en su gestión operativa. Esto no solo mejora la eficiencia interna, sino que también ayuda a cumplir con los requisitos exigidos por clientes internacionales, quienes cada vez están más enfocados en la trazabilidad de las emisiones.

Las presentaciones de empresas en estos programas mostraron impactos concretos, desde mejoras en la eficiencia productiva hasta un mejor posicionamiento de marca. La descarbonización se está volviendo un factor que agrega valor en múltiples dimensiones.

En este marco, la sostenibilidad se conecta directamente con la competitividad. Manuel Albaladejo, representante de la ONUDI, resalta que “la agenda ambiental puede redefinir procesos productivos, introducir nuevas tecnologías y, por ende, mejorar la competitividad empresarial”.

Los inversores globales ponen la lupa en el mercado de carbono local

Este cambio de enfoque también se refleja en el financiamiento. Los proyectos de carbono, especialmente aquellos vinculados a soluciones basadas en la naturaleza, comienzan a captar inversiones importantes. Este flujo de capital depende de contar con un marco regulatorio claro y estable. La “construcción institucional” mencionada por la Mesa Argentina de Carbono es esencial para consolidar el desarrollo del sector.

Así, la producción sostenible ya no se ve como una carga costosa, sino como una herramienta para crear valor. Las empresas que logran integrar esta lógica no solo disminuyen su impacto ambiental, sino que también mejoran su eficiencia, acceden a nuevos mercados y diversifican sus fuentes de ingresos.

El mercado de carbono se convierte en un catalizador. Al asignar un valor económico a la reducción de emisiones, se generan incentivos concretos para transformar los modelos productivos. La sostenibilidad, finalmente, pasa a ser un medio para competir mejor en un mundo que cada vez valora más el respeto por el medio ambiente.

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