Advertencia sobre soluciones rápidas y su impacto en el crédito

Aunque el dato puede ser fuerte, es importante ponerlo en contexto. La situación de mora en Argentina era inusualmente baja. En general, en la región, no se observa un nivel de mora superior al 4% o 5% de manera constante. Se espera que la mora se estabilice en torno al 8% en los próximos meses. Este nuevo escenario se alinea más con lo que sucede en otros países de la región y se da en un marco donde la economía comenzó a expandir el crédito luego de varios años de contracción.

Detrás de esas cifras, hay millones de familias que enfrentan dificultades para pagar préstamos personales o saldos de tarjetas de crédito. “Muchísimas familias tomaron estos préstamos y utilizaban sus tarjetas para cubrir gastos básicos. Pero, con el aumento de tarifas, alquileres y servicios, muchos hogares encontraron complicado pagar las cuotas”, aclara Gustavo Neffa, un economista que se especializa en mercados financieros.

En este contexto, en el Congreso argentino ya empezaron a discutirse algunos proyectos de ley. Estos propuestas buscan soluciones que van desde el congelamiento de pagos, hasta quitas obligatorias y topes a las tasas de interés. Aunque estos proyectos aún están en etapa de debate y no tienen un tratamiento definido, verla circular genera un efecto palpable en el mercado. Los bancos, al evaluar el crédito, consideran tanto la situación actual como lo que podría venir.

De acuerdo con el Informe sobre Bancos del BCRA, la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó un 6,7% en febrero. Pero al mirar más de cerca, los números son muy diferentes según el tipo de deudor: las familias tienen una tasa de mora del 11,2%, mientras que las empresas se ubican en 2,9%. La diferencia se explica, en parte, por el tipo de crédito: los préstamos personales y las tarjetas son las más afectadas y son, a su vez, las que alimentan la compra cotidiana de los hogares.

A la inversa, las grandes empresas muestran niveles de mora prácticamente inexistentes. Las pymes, aunque registran un aumento, siguen teniendo tasas mucho más bajas en comparación con los hogares. Según el mismo informe, la cartera irregular de las empresas creció de 0,8% en febrero de 2025 a 2,9% actualmente. Aunque llamativo, sigue lejos del deterioro que viven las familias.

Una razón detrás de estas cifras es que el crédito a las pymes nunca alcanzó los niveles del crédito al consumo masivo. Ellas no se sobreendeudaron tanto porque no tuvieron tantas facilidades para hacerlo. Curiosamente, la restricción del crédito las ha protegido del problema que hoy enfrentan muchas familias.

Otro factor a tener en cuenta es la inestabilidad macroeconómica que afecta el crédito familiar. Lorena Giorgio, economista de EcoViews, señala que “la alta volatilidad de tasas en la segunda mitad de 2025 fue clave para el aumento de la mora en los hogares”. Los bancos mantuvieron sus tasas elevadas y la diferencia entre tasas activas y pasivas llegó a superar el 250%. Muchos bancos incluso limitaron el otorgamiento de nuevos créditos para evitar que las tasas de irregularidad subieran.

Intervenciones en el crédito: ¿beneficio o riesgo?

Aquí entra el meollo del debate. Cuando se toman medidas en el mercado de crédito, como topes a las tasas o congelamientos de pagos, los bancos no se quedan de brazos cruzados. Es esencial mirar más allá de la situación actual y entender el contexto estructural. Hoy, Argentina cuenta con un ratio de crédito al sector privado sobre el PBI de apenas el 13,6%, mientras que el promedio en América Latina ronda el 45%. En este escenario, cualquier intervención que desincentive el crédito puede afectar no solo a quienes ya están en mora, sino también retrasar el desarrollo del sistema financiero.

Limitar el crédito formal no significa que las familias pidan menos financiación; al contrario, puede hacer que busquen alternativas menos reguladas y más riesgosas.

Neffa expone con claridad: “Topes de tasas y congelamientos podrían ayudar a los deudores temporalmente. Sin embargo, los bancos podrían endurecer los requisitos para otorgar créditos, lo que limitaría el acceso al crédito, especialmente para las personas de ingresos medios y bajos”.

Giorgio argumenta que estas medidas pueden ser contraproducentes: “Limitar las tasas y congelar pagos podría reducir la oferta de créditos o aumentar los requisitos para acceder a ellos. La clave está en mantener un nivel de liquidez apropiado y en lograr estabilidad en las tasas a mediano plazo”.

Además, hay un efecto menos visible pero que no se puede ignorar: el impacto sobre los depositantes. Cuando la posibilidad de que cambien las reglas del crédito se vuelve tangible, muchos comienzan a cuestionar si vale la pena dejar su dinero en el sistema. Si los depósitos disminuyen, también lo hace la base para futuros créditos.

El sistema financiero está tomando medidas, incluso sin esperar la regulación. Durante un encuentro de líderes de bancos y fintechs en Buenos Aires, se coincidió en que la mora parece haber alcanzado su pico y que ya está en marcha un proceso de estabilización gracias a esfuerzos de refinanciación y reestructuración.

Entender el crédito: un hábito a formar

Una parte importante de este debate, que muchas veces queda fuera de la discusión, es la educación financiera. Este aspecto es crucial si queremos que en el futuro las familias saquen el mejor provecho del crédito.

Neffa lo expresó claramente: “Conocer conceptos como tasa de interés, costo financiero total, capacidad de pago y los riesgos de endeudarse puede ayudar a muchas familias a tomar decisiones más informadas”. En tiempos de estabilidad económica, con inflación controlada y reglas claras, tanto los individuos como los bancos pueden planificar a largo plazo. Pero en tiempos de inestabilidad, incluso quienes son organizados financieramente pueden encontrarse en problemas.

Una persona que comprende cómo funcionan las tasas de interés y sabe calcular el costo de un crédito toma decisiones más acertadas y genera menos mora. Este tipo de educación es la solución a largo plazo que ningún proyecto de ley puede reemplazar. Con tiempo, información y acceso a herramientas útiles, se puede fomentar una mejor salud financiera.

El crédito puede ser una herramienta poderosa para mejorar la calidad de vida, pero como todo poder, necesita ser manejado sabiamente. Este es el verdadero desafío, y es mucho más complejo que simplemente sancionar una ley.

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