El emprendedor argentino debe pensarse globalmente desde el inicio

En Argentina, el panorama de crecimiento se está dibujando con claros contornos en los sectores de energía y minería. Recientes anuncios de grandes proyectos bajo el sistema del RIGI prometen una inversión significativa, alrededor de u$s140.000 millones. Aunque no son áreas tan intensivas en mano de obra como la manufactura tradicional, generan un efecto derrame muy importante en el empleo indirecto en toda la economía. También veo un gran potencial en la economía del conocimiento, donde nuestras universidades siguen destacándose por su alta calidad formativa. Sin embargo, el verdadero desafío será la transición y reconversión de industrias que ya están establecidas, un proceso que demandará atención especial para evaluar su impacto en el empleo, especialmente en Buenos Aires.

A nivel global, los desafíos no son menores: las tensiones geopolíticas y una cuestión demográfica que ya comienza a notarse en nuestra región son alarmantes. La caída de la natalidad es un fenómeno que está redefiniendo las pirámides poblacionales y afectando la estructura de los mercados. A pesar de estos desafíos, tengo una visión optimista sobre el presente y futuro de Argentina.

La educación en este contexto es clave. Las universidades y escuelas de negocios necesitan preparar a los futuros profesionales para un entorno en constante cambio. Por ejemplo, un MBA suele durar unos 18 meses, y ese tiempo hoy equivale a un mundo de transformaciones. Hay que formar a los estudiantes para que desarrollen capacidades tecnológicas, incluso en organizaciones que no necesariamente sean tecnológicas. Esto implica un enfoque en el lifelong learning, ya que la obsolescencia de las habilidades profesionales está cada vez más cerca de los tres años. Necesitamos aprender a adaptarnos rápidamente, porque lo que realmente enseñamos hoy es cómo seguir aprendiendo durante toda la vida.

Con respecto a lo que buscan las empresas, la conexión entre el ámbito laboral y las escuelas de negocios es fundamental. Las empresas están muy involucradas, con sus empleados y directivos participando en programas de formación. En este intercambio, el conocimiento se construye de manera colaborativa. Las organizaciones actuales necesitan líderes que puedan gestionar cambios profundos, y eso implica empatía, curiosidad y un enfoque en el aprendizaje a partir de los errores.

El papel de un líder hoy es crucial. No se trata solo de saber usar herramientas tecnológicas, sino de anticiparse a los cambios y adaptarse a las nuevas realidades del mercado. Necesitamos líderes que escuchen a sus equipos y comprendan que en momentos de cambio, todos sienten que están perdiendo algo. En IAE, llevamos años enseñando metodologías de liderazgo adaptativo que resaltan la importancia de hacer las preguntas correctas y escuchar a todos los involucrados.

Los ejecutivos argentinos gozan de un gran reconocimiento internacional. La experiencia que hemos adquirido en un contexto de volatilidad nos ha hecho más ingeniosos. Por eso, hoy es común que los cazatalentos busquen talentos argentinos para posiciones en el extranjero. Sin embargo, en los últimos años hemos visto un cambio, con muchos profesionales queriendo regresar a casa porque valoran su vida aquí.

El ecosistema emprendedor argentino es otro aspecto a destacar. Somos conocidos mundialmente por nuestros unicornios y emprendedores que han cambiado industrias. Aunque el mercado interno es más pequeño, esta limitación nos obliga a tener una perspectiva global desde el inicio. Las nuevas generaciones de emprendedores ya nacen con esa mentalidad, conscientes de que deben buscar financiamiento para hacer crecer sus proyectos.

Desde hace dos décadas, este ecosistema ha mejorado notablemente. Ahora hay una red sólida que incluye emprendedores, mentores y financiadores. La tecnología también ha eliminado muchas barreras para emprender, permitiendo que cualquiera con una computadora pueda desarrollar soluciones escalables. Sin embargo, falta un desarrollo profundo en el mercado de capitales, que brindaría más claridad en las vías de financiamiento para emprendimientos más pequeños.

Por otro lado, la inteligencia artificial también juega un papel fundamental en la educación. En nuestras clases, los estudiantes utilizan estas herramientas para resolver casos y enriquecer sus análisis. Esto ha elevado el nivel de las discusiones, centrando el aprendizaje en decisiones estratégicas más que en la mera búsqueda de información.

Liderar en estos tiempos, donde la tecnología está en el centro, significa entender su impacto en cada industria. Las organizaciones deben saber cuáles procesos se pueden automatizar y cuáles siempre necesitarán un toque humano. En IAE, promovemos la idea de que la tecnología debe ser un potenciador, no un fin en sí mismo. Actualmente, estamos trabajando en imaginar cómo cambiarán los negocios en los próximos años para mantener nuestros programas alineados con la realidad.

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