De vendedor de sábanas en Neuquén a proveedor de Vaca Muerta
Hay una historia que se palpa en los recuerdos de muchas personas en Neuquén: dos contadores, recién llegados desde Buenos Aires, dando sus primeros pasos en un local vacío de la avenida Olascoaga. Era 1986, y la ciudad estaba en pleno proceso de transformación, lejos del desarrollo que alcanzaría en los años siguientes.
Cuando se vació ese local, los Kreplak vieron una oportunidad. La región no contaba con un lugar que se dedicaría de lleno a la venta de ropa de cama y artículos para el hogar. Así, viajaban hasta el barrio de Once en Buenos Aires, compraban mercadería y regresaban al sur para venderla. Fue de esta forma que nació casi sin pretensiones Blancoamor.
Lo que comenzó como una blanquería de barrio a lo largo de los años se transformó en una tienda integral para el hogar. Hoy, sus productos van desde muebles y colchones hasta decoración y electrodomésticos. La marca no solo ha sobrevivido a varias crisis económicas en Argentina, sino que se ha convertido en un ícono en la Patagonia.
Actualmente, Blancoamor cuenta con ocho sucursales que se extienden entre Neuquén y Río Negro. Además, poseen un centro de distribución propio, una línea de colchones de marca propia, importan muebles directamente de China y han creado una tienda online que les permite llegar a clientes en todo el país.
El paso hacia la segunda generación
En 2005, la historia de Blancoamor dio un giro importante. Federico Kreplak, hijo de los fundadores, junto a su esposa Magdalena Marsó, regresaron a Argentina tras una temporada en Canadá. Se unieron al proyecto familiar con la misión de profesionalizar el negocio, organizar la logística y usar la tecnología para optimizar la administración.
La idea era expandir el comercio sin perder los valores familiares que le habían dado vida desde el inicio. Este trabajo, que se realizó de manera silenciosa durante varios años, preparó a Blancoamor para un crecimiento que sus fundadores nunca habían imaginado cuando comenzaron.
Justo en ese periodo, el impulso de Vaca Muerta coincidió con los planes de expansión de la empresa. Así, la historia de los Kreplak se convirtió en un caso de estudio empresarial que resuena en muchos círculos.
El nacimiento de Alberta
Dentro de Blancoamor, había una división dedicada a la venta a empresas que era conocida en toda la región. Un hecho curioso que relata Federico Kreplak, CEO de Alberta, ocurrió durante una exposición sobre oil & gas, donde muchos se sorprendieron de verlos allí, ya que su negocio estaba más vinculado a colchones y sillas.
Esa experiencia los llevó a entender que necesitaban una nueva marca para ofrecer productos específicos a las empresas del sector energético. Así, nació Alberta, enfocado en la provisión de equipamiento integral para trailers, campamentos y oficinas.
El crecimiento de Alberta fue acelerado. Equiparon numerosos complejos habitacionales en Añelo y comenzaron a ofrecer servicios de mantenimiento, después de que un cliente les pidiera ayuda para limpiar las cabañas por problemas con su proveedor.
Los círculos concéntricos de Vaca Muerta
Federico suele explicar la posición de Alberta en el ecosistema de Vaca Muerta usando la metáfora de círculos concéntricos. En el centro están las operadoras de petróleo, rodeadas de empresas especializadas en fractura y perforación. Alberta se sitúa en un tercer anillo, donde proporciona soporte logístico y de construcción.
Hoy, Alberta ha equipado más de 1.000 unidades habitacionales en la región y ha desarrollado parques logísticos e industriales. Además, ha creado una plataforma de reservas similar a Airbnb, pero enfocada en el sector corporativo.
También han lanzado un portal B2B que conecta las necesidades de las empresas con pymes locales y nacionales, y han firmado un acuerdo con la metalúrgica Idero para ofrecer campamentos llave en mano.
Con el aumento de la demanda de vivienda en Añelo, Alberta gestiona miles de camas, en un contexto donde la necesidad de infraestructura no siempre sigue el ritmo del crecimiento del sector energético.