Suicidas patagónicos, el regreso del libro de Guerreiro
Mientras Leila Guerriero sigue cosechando premios internacionales con “La Llamada”, su novela de no ficción, su primera obra, “Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico”, vuelve a brillar (Anagrama). Este libro, que nació hace 25 años en el pueblo de Las Heras, Santa Cruz, plantea una conexión entre los finales de los ‘90 y la actualidad, marcada por figuras como Javier Milei. Nos muestra el talento de Guerriero desde sus inicios, un talento que la ha posicionado en la tradición de la literatura de no ficción, un estilo que emergió en Argentina en 1957.
Su último logro, el XIII Premio Strega Europa, por “La Chiamata. Storia di una donna argentina”, lo suma a una lista de grandes escritores que han sido reconocidos con este galardón, como Emmanuel Carrere, Amelie Nothomb y Annie Ernaux.
Un hecho trágico llevó a Guerriero a la Patagonia
Durante un breve periodo, entre marzo de 1997 y finales de 1999, doce personas se quitaron la vida en Las Heras: hombres y mujeres, todos jóvenes con un promedio de 25 años. Eran parte de la comunidad, algunos conocidos, hijos de familias tradicionales y humildes. La lista oficial, lamentablemente, nunca existió.
Las Heras fue un lugar de prosperidad en los años 60 gracias al descubrimiento de un yacimiento de petróleo. Con la llegada de YPF, se convirtió en un imán para los que buscaban trabajo. Sin embargo, la privatización y el traspaso a Repsol marcaron el fin de esa era. El pueblo pasó de ser próspero a un lugar desolado, donde el desempleo creció y muchos se marcharon. La crudeza del clima patagónico parecía reflejar la pobreza que se apoderó de sus calles.
En su obra, Guerriero retrata a los que se quedaron. “Quedaron los que estaban cuando fui. No todos, pero sí muchos, eran los solos y dolientes, los rotos en pedazos”, escribe. A pesar de que Nadia, un personaje, nunca pregunta sobre los suicidios, Guerriero lo hace. Conversa con médicos, comerciantes, familiares y marginados. Su enfoque es objetivo, pero también cargado de empatía. Busca entender por qué personas plenas de vida, como aquellos jóvenes, tomaron la misma decisión trágica.
Las explicaciones son diversas: desde el clima hostil hasta la soledad aplastante. Hablan de miedos, de una secta misteriosa y de una lista de nombres de quienes debían morir. Las historias se entrelazan con rumores y emociones crudas. Con cada testimonio, Guerriero pinta un cuadro sombrío de Las Heras, donde la vida parece estar atrapada en un ciclo de tristeza.
Con el paso de las páginas, comienzan a surgir explicaciones más palpables sobre esos suicidios. A menudo, se menciona que la falta de oportunidades laborales y la desesperanza se apoderaron del ambiente. Las privatizaciones y “modernizaciones” del periodo de los ‘90 dejaron cicatrices profundas. La gente había conocido el bienestar, pero esa economía ahora se había desvanecido, y muchos enfrentaban trabajos rutinarios que no ofrecían futuro.
Hoy en día, hay quienes eligen resignarse y aceptar la desigualdad, mientras que otros luchan por un futuro que parece inalcanzable. Esta visión compleja de la realidad social que Guerriero retrata es rica en matices y ofrece una lectura profunda y crítica de los desafíos que enfrenta Argentina.
Desde “Los suicidas del fin del mundo”, Leila Guerriero se ha convertido en una referente en la literatura de no ficción en nuestro país, siguiendo los pasos de obras como “Operación masacre” de Rodolfo Walsh y “A sangre fría” de Truman Capote. A lo largo de su carrera, Guerriero ha creado relatos que no solo informan, sino que también conmueven, sumergiéndonos en una exploración profunda de la vida y la muerte en un rincón perdido de la Patagonia.
Leila Guerriero, “Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico” (Anagrama, Bs As., 2026, 215 páginas).