Si fuera Manuel Adorni, así viviría
Bailan las barriadas al ritmo de Manu Chao, porque si la vida es una tómbola, nada mejor que tener el cartón que parece haber recibido el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Este tipo ha demostrado que tiene suerte no solo en el juego, sino también en el amor. O quizás sea la excepción que confirma la regla, siempre y cuando la vida sea realmente una tómbola.
El estilo de vida de Adorni
Vayamos por partes. Si lo que dice Adorni es cierto —y aquí no hay razón para dudar—, invertir en la estética personal y acumular propiedades parece un buen plan. Hasta darse el gusto de tener una piscina con una alegre cascada para dejar que el agua caiga en la nuca y mirar al cielo para decir: “Gracias, Dios, soy un afortunado”.
Así como cualquiera que vemos por la calle, Adorni también se encontró con un pendrive un día. Pero en lugar de contener esas fotos de vacaciones típicas de 2018, ¡resultó que tenía en su interior 500.000 dólares! Vaya suerte, uno podría pensar. Muchos de nosotros nos hemos topado con viejos pendrives, pero dudo que ninguno encontrara alguna vez una suma así.
Las amistades y las “sorpresas”
Pero la fortuna de Adorni no se detiene allí. ¿Quién no tiene en su vida una vecina jubilada que solo ayuda con las compras? Pero encontrar una que preste 200.000 dólares, y sin interés, seguramente es otro tema. Cuando él afirma que fue “una operación entre amigos”, las vecinas a las que se refiere nunca lo habían visto antes. ¡Quién pudiera hacerse amigos de esa forma!
Imaginemos que esta tómbola de la suerte se haya hecho a medida de Adorni. Que la fortuna le permita encontrar no solo un pendrive lleno de dólares, sino también amigas generosas que aporten cientos de miles en una sola vida. Cualquier persona se daría por satisfecha y tendría historias que contar. Pero ¿qué pasa cuando se suman más azares, como otro hallazgo inesperado de dinero?
Hallazgos en el departamento
Mientras recorría un departamento heredado en La Plata, Adorni descubrió un fajo. Lo curiosos es que no eran cuentas a pagar, sino dólares. Así que, su suerte continuaba y parecía que el destino lo mimaba.
Pero aquí llegó el momento de la verdad: ese departamento tenía una hipoteca de 22.000 dólares. ¿A quién le importa una hipoteca cuando uno se encuentra en una situación así? Lo que es más interesante es que, según el expediente, sus acreedoras no parecían interesadas en cobrar. En un mundo lleno de egoísmo, encontrar a personas que no buscan lo material suena a un cuento de hadas.
La generosidad de los amigos
El resto son detalles. Un amigo que, por simple respeto a la amistad, destinó parte de su salario de trabajador de medios a contratar un avión privado para que Adorni y sus amigos puedan viajar a Punta del Este sin complicaciones. ¿A quién no le gustaría tener amigos así?
Así es Manuel Adorni, un hombre de suerte. Tanto que algunos le cuestionan. Pero si la vida es una tómbola, no todos ganan. La mayoría pierde. Y seguramente, los que se ven más abatidos dirán para sí mismos: “Si yo fuera Manuel Adorni, viviría como él”.