Javier Milei y la búsqueda de un nuevo paradigma político

En el ámbito político, La Libertad Avanza (LLA) parece haber dejado atrás algunas de sus complicaciones internas y ha vuelto a ganar terreno en el Congreso, logrando dos victorias en Diputados. Una de ellas, la Ley Hojarasca, que busca eliminar normativas obsoletas, puede parecer irrelevante. Pero el otro triunfo, que modifica el régimen de zona fría, tiene un impacto directo en subsidios energéticos en varias regiones, incluidas zonas de Buenos Aires.

Las cifras que presenta el Gobierno vienen llenas de aclaraciones. Uno de los temas críticos es que los sectores que hoy generan dólares no son intensivos en empleo. Esto se nota, por ejemplo, en la región cordillerana, donde el auge minero y petrolero no ha aumentado significativamente la población en comparación con el AMBA, que sigue siendo la región más afectada por la situación económica.

La necesidad de una nueva simbología.

Parece que el reemplazo de la etapa actual será la economía y la figura presidencial. Javier Milei sigue siendo un ancla para el núcleo duro libertario, a pesar del desgaste. Pero un EMAE positivo no puede sustituir el simbolismo que alguna vez tuvieron la casta y la motosierra. El león, tal vez, aún guarde algo de fuerza.

La gran jugada política de Milei fue convertir un instrumento técnico en un símbolo cultural. La motosierra dejó de ser un simple elemento de ajuste presupuestario; se transformó en un símbolo de descontento, venganza y una forma de reparación moral frente a “la casta”.

Algo similar ocurre con las teorías de Rolando Barthes, quien en su libro Mitologías decía que el mito es un sistema de comunicación que hace que una construcción histórica parezca natural. Así, la motosierra pasó de ser una herramienta a un discurso político. “Hasta los objetos pueden volverse discurso, siempre y cuando tengan un significado”, decía Barthes, y aquí la motosierra cobró vida.

Este símbolo se cargó de significados. No solo era un ajuste al gasto estatal; representaba el enojo social, el sentimiento antiestatal y el deseo de romper con el sistema tradicional. Se convirtió en un mito.

Sin embargo, el oficialismo enfrenta un dilema: la motosierra ha perdido parte de su poder simbólico. Ahora, sobrevive el ajuste fiscal, pero las asociaciones emocionales que antes unían a los votantes se han desgastado.

Los símbolos, como la marcha y el bombo del peronismo, han perdurado a lo largo del tiempo, resonando con millones de argentinos. LLA empieza a mostrar una debilidad en este terreno y debe reinventar parte de su aparato simbólico. Lo que les permitió romper con el bipartidismo que dominó la política argentina hasta el 2023 ya no es suficiente.

La era del Excel

Ahora, el Gobierno busca apoyo en planillas y datos que pintan un cuadro positivo, aunque todo parece estar repleto de aclaraciones. El superávit fiscal se sostiene en gran parte por ingresos excepcionales —como la venta de represas— y por drásticos recortes debido a la caída en la recaudación, que afecta partidas sensibles como las de salud en las provincias.

El respaldo del FMI, alabado por el oficialismo, también trae consigo advertencias sobre la acumulación de reservas, el ancla cambiaria y ciertos riesgos políticos en el horizonte electoral de 2027. La balanza comercial positiva se debe, en gran medida, a una economía débil y a una cosecha excepcional que no necesariamente se traduce en políticas públicas sostenidas.

Cabe cuestionar punto por punto cada uno de estos logros. La paradoja es que Milei ha roto esquemas, ya que tradicionalmente los políticos suelen ser más sinceros con los ciudadanos que con los votantes. Anteriormente, seguíamos el consejo de Carlos Menem: “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”.

La Libertad Avanza ha desafiado este patrón. Milei, durante su campaña, dejó claro que su programa económico no se enfocaría en aumentar el dinero en el bolsillo de la gente de inmediato. Al contrario, el mensaje era que vendría un ajuste: “no hay plata” se convirtió en un mantra a fines de 2023.

La sociedad abrazó este discurso crudo de un outsider. Milei obtuvo apoyo al plantear verdades incómodas sobre un ajuste impopular. Sin embargo, ya en el poder, el Gobierno parece más cómodo presentando relatos estadísticos que a veces se asemejan a verdades a medias.

La idea de que “14 millones de argentinos salieron de la pobreza” es un claro ejemplo de esto. Muchos saben que se basa en estimaciones que no reflejan la realidad de los sectores medios y trabajadores, junto a un aumento del desempleo y una caída en los salarios registrados. La motosierra, menos glamorosa en esta etapa, sigue siendo más efectiva que los PowerPoint y las cifras que el oficialismo presenta.

El desgaste del diferencial moral

Otro desafío para Milei es la pérdida de lo que lo hacía diferente en el sistema político. Paola Zuban, de la consultora Zuban Córdoba, menciona que los escándalos de corrupción o privilegios tienen un impacto más profundo en el capital simbólico de LLA. “Al final, son todos lo mismo” se escucha cada vez más en estudios y encuestas. Esto indica que el Gobierno empieza a perder su monopolio sobre el cambio.

Zuban lo compara a un diario que aviva el fuego del asado: aunque ataca al Gobierno, si la economía estuviese mejor, su impacto sería menor. Esos episodios se acumulan y agravan el descontento preexistente.

Hoy, el dilema en el oficialismo gira en torno a si Milei necesita crear un nuevo mito o si, en realidad, se está quedando sin significados frescos. El apoyo de actores financieros puede que no sea suficiente ante una sociedad exigente, que demanda no solo equilibrio macroeconómico, sino una visión de futuro.

Incluso el círculo rojo empieza a mostrar grietas. La idea de un “mileísmo sin Milei” ha dejado de sonar descabellada y eso revitaliza a figuras como Mauricio Macri, quien sigue trabajando en su relanzamiento, o a Patricia Bullrich, quien considera si seguir atada a la suerte libertaria.

La exministra ha dejado comentarios enigmáticos, como una foto de una avenida con su apellido y un semáforo verde, lo que provoca especulaciones. Su avenida en Palermo es de doble mano. Tal vez haya empezado a pensar en nuevos mitos y símbolos en la política.

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