Marco Rubio afirma que Trump y Xi Jinping evitarán militarizar Ormuz

El encuentro reciente entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín ha captado la atención del mundo, al mostrar avances en el ámbito comercial pero también tensiones palpables. Durante la reunión bilateral, ambas partes conversaron sobre temas importantes, pero la advertencia clara de China hacia Estados Unidos sobre Taiwán dejó en evidencia las diferencias que persisten en el panorama internacional.

La cumbre tuvo lugar en el emblemático Gran Salón del Pueblo. La ceremonia oficial se combinó con una reunión privada que duró poco más de dos horas. Posteriormente, Trump y Xi hicieron una visita conjunta al Templo del Cielo. Fue un momento que buscó transmitir cordialidad pública, aunque el contenido de sus mensajes políticos fue bastante serio.

El senador Marco Rubio compartió que la delegación china expresó su desacuerdo con la militarización en el estrecho de Ormuz y con los peajes impuestos, una postura que coincide con la de Washington. Además, el vocero de la Casa Blanca dejó claro que no buscan la colaboración de China para solucionar el conflicto con Irán ni para reabrir el paso marítimo.

Por otro lado, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, comentó a los medios que a China le interesa enormemente la reapertura del estrecho y que trabajarían desde las sombras para influir en el liderazgo iraní.

El apretón de manos lleno de tensión

La reunión entre Trump y Xi no fue solo un momento de negociación, sino que también reveló un clima de tensión. Desde el primer saludo, el apretón de manos entre ambos líderes fue lo más observado. Este contacto dejó en claro que las relaciones no son tan amistosas como se esperaba. Mientras Trump se adelantó a extender la mano, ambos sostuvieron un apretón que duró más de lo habitual, acompañados de miradas fijas y expresiones serias.

A diferencia de otros encuentros, donde suele haber sonrisas y gestos relajados, este encuentro estuvo marcado por una rigidez corporal notable. Durante varios segundos, Trump mantuvo contacto visual intenso con Xi, mientras que el presidente chino respondió de manera más contenida y formal.

La interacción entre ellos no dejó de ser un reflejo de la compleja relación sino-estadounidense, donde la frialdad y la precaución dominan el escenario actual.

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