La inteligencia artificial: realidades y costos ocultos
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, no decidir también cuenta como una decisión. Y, para ser sinceros, puede costar más de lo que imaginamos. La irrupción de la inteligencia artificial, los chatbots y la automatización están cambiando el mercado laboral y los modelos de negocio a nivel global, y muchas organizaciones se encuentran atrapadas entre el deseo de adoptar estas innovaciones y el miedo a lo desconocido.
Como se señala en el Future of Jobs Report del Foro Económico Mundial, está previsto que aproximadamente un 39% de las competencias profesionales necesiten transformarse para 2027. Aunque puede sonar alarmante, la situación no es del todo negativa. Un informe reciente del Banco Mundial destaca que entre un 30% y un 40% de los empleos en América Latina y el Caribe están, de algún modo, expuestos a la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, también se estima que un 8% a 12% de estos roles podría experimentar un aumento en la productividad. En contrapartida, solo entre un 2% y un 5% se enfrenta a un riesgo real de automatización.
En este contexto, los líderes de empresas deben reflexionar sobre cómo reaccionar ante este cambio. Algunos pueden optar por permanecer en la espera, investigando si estas tendencias son sostenibles o solo modas pasajeras. Por otro lado, hay quienes prefieren actuar, diseñando planes proactivos para no quedar fuera de la tan ansiada “ola de innovación”.
Sin embargo, no hay una única respuesta. La estrategia adecuada depende de muchos factores: el sector, el nivel de madurez tecnológica y el riesgo al que se expone cada organización. Pero hay al menos cuatro aspectos claves que deben considerarse al evaluar el costo de no hacer nada:
1. Costo de imagen y reputación: ¿Puede la falta de acción afectar negativamente la percepción de la marca entre clientes, socios o posibles empleados?
2. Costo legal y regulatorio: Con la llegada de nuevas tecnologías, también vienen nuevas normativas. La Ley General de Protección de Datos en Brasil es un buen ejemplo. Con la IA, este dilema se hace más relevante. ¿Cuál será el costo real de no adaptarse?
3. Cuota de mercado: En un entorno altamente competitivo, no adoptar tecnologías nuevas puede llevar a perder relevancia. ¿Podrá la empresa mantener su posición con su oferta actual?
4. Pérdida de ingresos y clientes: Si los clientes demandan soluciones que la empresa no puede ofrecer a tiempo, esto puede llevar a la pérdida de clientes, y, por ende, de ingresos.
Si la respuesta es sí a algunas de estas preguntas, es probable que la organización necesite actuar. Aunque es comprensible preocuparse por los costos asociados a la adaptación, el costo de no hacer nada suele ser mucho mayor.
Eso sí, actuar sin pensar puede ser igual de riesgoso. Hay empresas que han hecho grandes inversiones en tecnologías populares como el metaverso o el blockchain, pero que aún no han logrado un retorno de esas inversiones. A pesar de que estas áreas siguen generando interés, su adopción masiva está lejos de ser generalizada, especialmente en mercados como el argentino.
Esto nos deja con una lección: lanzar iniciativas grandes de inmediato no siempre es lo mejor. Muchas veces, es más sensato comenzar con proyectos pequeños, validar resultados y aprender antes de escalar. Determinar si actuar como pionero o seguir a otros es parte clave de la toma de decisiones.
La inteligencia artificial, en sí misma, no es un destino final. Es un camino en constante evolución, lleno de nuevas herramientas y aplicaciones. Por eso, el verdadero desafío para los líderes no es seguir tendencias, sino medir el costo de la inacción frente a la inversión necesaria para adaptarse, siempre considerando los beneficios tangible a corto y mediano plazo. Con el análisis de datos y escenarios realistas, se pueden tomar decisiones más seguras y evitar caer en la trampa de la emoción tecnológica sin fundamento.