Marca de autos eléctricos se declara en quiebra con grandes deudas
El mercado de los autos eléctricos está pasando por un momento complicado. Algunas empresas que prometían hacer frente a los grandes gigantes de la industria ahora están enfrentando problemas financieros que cuestionan su futuro.
Un caso que llama la atención es el de Fisker Inc.. Esta compañía había generado bastante expectativa con sus proyectos de vehículos eléctricos, pero ha tenido que solicitar protección judicial para reorganizar su economía.
El inicio de Fisker y su fundador
Fisker Inc. nació con la intención de hacerse un lugar en el mercado de autos eléctricos en Estados Unidos. Su creador, Henrik Fisker, es un diseñador automotriz que ha trabajado con marcas reconocidas.
Antes de fundar su propia empresa, este ingeniero danés participó en el diseño de modelos icónicos, como el BMW Z8, un deportivo que se destacó a principios de los 2000. Además, estuvo involucrado en el desarrollo del Fisker Karma, un sedán híbrido enchufable que llegó al mercado en 2011, combinando lujo con tecnología de propulsión eléctrica, algo poco común en su momento.
Por eso, el lanzamiento de su nueva empresa generó interés entre inversionistas y analistas. Fisker Inc. quería competir en el segmento de los SUV eléctricos a precios más accesibles que los de algunas marcas premium.
Uno de sus modelos más esperados fue el Fisker Ocean, un SUV totalmente eléctrico diseñado para el público general. Este vehículo prometía contar con autonomía, un diseño atractivo y tecnología digital. La expectativa fue tal que varios compradores realizaron reservas incluso antes de su lanzamiento.
Millones en deuda: qué pasó con Fisker
Sin embargo, el entusiasmo inicial no bastó para mantener la salud financiera de la empresa. Con el tiempo, Fisker enfrentó desafíos en un mercado cada vez más competitivo.
Finalmente, tuvo que acogerse al Capítulo 11 de la ley de quiebras en Estados Unidos. Este mecanismo le permite reorganizar su estructura económica mientras negocia con los acreedores y evalúa la venta de activos.
De acuerdo con documentos judiciales, los activos de Fisker Inc. oscilan entre 500 y 1.000 millones de dólares, pero las deudas se estiman entre 100 y 500 millones. Existen cientos de acreedores relacionados con la compañía, lo que la obligó a buscar ayuda legal para volver a encarrilar su situación.
El contexto del mercado tampoco colaboró. En los últimos años, los costos de financiamiento aumentaron y la demanda de vehículos eléctricos mostró altibajos en varios países. Además, la competencia se intensificó, ejerciendo presión sobre estas nuevas empresas.
Los problemas también afectaron al Fisker Ocean, que tuvo varios llamados a revisión por fallas técnicas, como inconvenientes con las manijas, defectos en la bomba de agua y problemas en el sistema de transmisión.
Qué pasó con los clientes que tenían autos fallados
La situación llevó a la intervención de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos, conocida como NHTSA. Este organismo exigió a Fisker que cubriera los costos de los recalls relacionados con la seguridad del vehículo.
El plan de quiebra incluyó un fondo destinado a pagar reparaciones, aunque en muchos casos, los dueños de los autos debieron afrontar el costo de la mano de obra, con la posibilidad de pedir un reembolso más adelante.
Lo más preocupante es que, tras la crisis financiera, muchos vehículos perdieron el acceso a los servicios digitales que dependían de los servidores de la empresa, lo cual afectó las actualizaciones remotas y funcionalidades de conectividad.
Sin soporte técnico, varios propietarios empezaron a vender sus unidades en el mercado de segunda mano a precios muy bajos. Algunos Fisker Ocean, que apenas habían recorrido algunos kilómetros, quedaron a la venta a precios similares a los de autos compactos convencionales, a pesar de que su precio original era de aproximadamente 70.000 dólares.