Ganadores y perdedores en la guerra contra Irán y las tasas
Los inversores han dado un giro interesante en su estrategia. Antes, muchos se sentían cómodos aceptando las tasas más bajas ofrecidas por los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Pero ahora, prefieren mirar hacia otros países que ofrecen tasas más atractivas, pero con un nivel de protección parecido.
China y sus tesoros
Hablemos sobre China. Desde 2014 hasta hoy, el país redujo su participación en los bonos del Tesoro de EE. UU. De una asombrosa cifra de u$s1.200.000 millones, llegó a menos de u$s700.000 millones. Para que te des una idea, antes poseía más del 28% de toda la deuda norteamericana, pero hoy sólo tiene un 2,5%. ¡Una gran caída!
Si bien China vendió varios bonos, eso significa que hubo compradores. Por ejemplo, en los 12 meses previos a noviembre pasado, mientras la tenencia china cayó un 11%, otros lugares como Luxemburgo y Bélgica aumentaron sus tenencias de estos bonos. Esto indica que el dinero se está moviendo a otras ciudades financieras.
La Reserva Federal de Estados Unidos opina que lo que pasó es que China no vendió, sino que simplemente cambió su lugar de depósito. Sin embargo, considerando el historial ruso, donde se confiscó dinero en el extranjero, es poco probable que los chinos arriesguen tanto capital. De hecho, ya llevan 15 meses aumentando su reserva de oro, alcanzando 2.308 toneladas.
Lo curioso es que el sector privado ha estado comprando lo que China dejó. Pero no podemos olvidar que si este juego de “sillas musicales” se descompone, la Fed podría verse obligada a intervenir, lo que podría desencadenar más inflación.
Los costos de la guerra
Hablando de guerras, todos saben que “en la guerra todos pierden”. La situación en Oriente Medio está cambiando constantemente, y los resultados son inciertos. Trump ha sugerido que esta guerra no debería durar más de cuatro o cinco semanas, aunque el tiempo dirá.
Para el lado occidental, los objetivos son claros: desmantelar la infraestructura militar del régimen chiita y promover el caos en Irán. Recuerda que este conflicto no es nuevo; incluso la guerra en Corea del Norte lleva casi 76 años en pie.
Los gastos también son impresionantes. En una semana de ataques a Irán, Israel gastó cerca de u$s5.000 millones. Los EE. UU. parecerían haber gastado alrededor de u$s2.250 millones, sin contar el usual apoyo militar a Israel, que fue de unos u$s21.700 millones solo en el último año.
En total, estamos hablando de cifras que pueden superar los u$s1.100 millones diarios de guerra, donde Israel se lleva la mayor parte del costo, aproximadamente 75%. Pero con EE. UU. tan involucrado ahora, el juego es diferente. Cada ataque cuenta.
Ganadores y perdedores
Si durante 25 días el estrecho de Ormuz no se reabre, los productores de petróleo del Golfo se verían obligados a cerrar, lo que podría hacer que el barril supere los u$s100. Trump está tratando de prevenir esto, ofreciendo seguros para los barcos que operan en la zona, y considerando el uso de convoyes militares para protegerlos.
Sin embargo, el impacto no se limita solo a los precios del petróleo. La interrupción del comercio y el turismo en la región podría ser grave, y la economía global también podría sufrir. Aquí, algunos funcionarios tratan de sembrar optimismo hablando de aumentos en la recaudación debido a la alza en los precios de exportación, pero parece que sería un alivio insuficiente.
En este contexto, muchos creen que China podría ser una de las grandes perdedoras debido a su dependencia del petróleo iraní. Aunque en términos absolutos no les afectaría tanto. Eso sí, si EE. UU. sigue por este camino, el verdadero ganador parece ser Vladimir Putin. La situación actual le da un impulso a su narrativa sobre la legitimidad de los ataques preventivos, algo que ha usado en su propia agenda en Ucrania.
Y así, el análisis de la economía y la industria del petróleo no solo es acerca de números, sino también de relaciones internacionales y de cómo cada movimiento puede cambiar el equilibrio del poder global.