El futuro de los aranceles tras la decisión de la Corte

La Corte Suprema de EE.UU. acaba de anular los aranceles de emergencia que había impuesto el presidente Trump. La decisión se basa en el argumento de que el Ejecutivo no tiene la autoridad para aplicar impuestos, incluyendo los referidos a comercio exterior, que son exclusivos del Congreso. Esta ratificación de la Corte es significativa y marca un límite claro en las acciones del gobierno.

Sin embargo, Trump parece no dar su brazo a torcer. En respuesta a este fallo, ha decidido crear un nuevo arancel universal del 10% —o del 15%, según se escucha por ahí— invocando una ley de los años 70 que le permite actuar en caso de crisis de balanza de pagos. Pero, ¿realmente hay una crisis?

Según parece, no. No hay evidencia de problemas en las cuentas del país, y los pagos están en orden. Por eso, es curioso que el gobierno trate de justificar este nuevo arancel bajo las premisas de una crisis que, a la luz de los hechos, no se sostiene.

Los nuevos aranceles pueden estar vigentes por 150 días. Claro, eso siempre que la Justicia no declare su inaplicabilidad antes de tiempo, lo cual no parece fácil, dado el ritmo habitual de los tribunales. Y es probable que Trump busque prorrogar esta medida una vez que expire ese plazo, a menos que la Justicia imponga un límite.

El panorama se complica cuando hablamos de las opciones que tiene el presidente. Existen otras alternativas bajo secciones específicas que requieren investigaciones, pero esto puede llevar su tiempo. Lo cierto es que no podrá mantener el mismo nivel de protección que había establecido antes de la decisión de la Corte. Convencer al Congreso para que respalde estas decisiones, parece estar muy lejos de la agenda actual.

Los aranceles han tenido un uso directo y estratégico para Trump. Recordemos, por ejemplo, la tasa del 50% impuesta a Brasil por el proceso al expresidente Bolsonaro, o las fluctuaciones con Suiza. Estas maniobras hacen que sea difícil que el Congreso se adapte a ese tipo de cambios constantes, ya que la idea del presidente es tener un “garrote” que pueda usar a su antojo.

Pero, ¿cuáles son los resultados concretos de esta política arancelaria en un contexto legal tan precario? Al principio, lograron generar acuerdos comerciales favorables. Sin embargo, muchos de esos acuerdos siguen en el aire y, tras el fallo, esos beneficios se han diluido.

Trump buscaba reubicar la industria en EE.UU. y generar más empleo, pero la realidad ha sido distinta. La economía ha crecido, pero impulsada principalmente por los servicios. Y el tema de la creación de empleo se ha visto afectado en gran medida; el año pasado, apenas se añadieron 181 mil empleos netos, cuando en años pasados los números eran mucho más alentadores.

En cuanto al aspecto financiero, los aranceles han generado ingresos, pero ahora esos fondos tendrán que ser devueltos. Y esto se convierte en un verdadero lío, ya que la Corte no se pronunció sobre cómo manejar estos fondos y dejó ese tema en manos de jueces menores.

El comportamiento de la Bolsa ha sido otro tema de conversación. Tras el fallo, se vio una leve reacción positiva, pero luego la incertidumbre llevó a una caída. Las cifras sobre inteligencia artificial han generado inquietud y hacen que los mercados reaccionen de manera hipersensible.

A medida que avanza la tecnología, la velocidad de los cambios tiende a generar ansiedad. La disrupción provocada por la inteligencia artificial está en el centro del debate, generando miedos sobre un futuro incierto. Esto no se trata solo de números, sino de percepciones que afectan directamente tanto a inversores como a la población en general.

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