Bodegas Bianchi solicita tiempo a acreedores tras deudas acumuladas

La histórica Bodegas Bianchi ha comenzado un proceso de reestructuración financiera para evitar un desenlace más severo, como ya ocurrió con otras empresas del sector. La bodega mendocina, conocida por su larga trayectoria en el mundo del vino, confirmó que está trabajando con asesores financieros y legales, además de abrir negociaciones con sus acreedores. El objetivo es conseguir un período de gracia que les permita ordenar sus deudas y estabilizar su funcionamiento.

Esta decisión fue comunicada a la Comisión Nacional de Valores (CNV). Allí, la empresa mencionó que dará inicio a un proceso de reperfilamiento de deuda para asegurar la continuidad del negocio, evitando un desmejoramiento aún mayor en su salud financiera. Para esto, han designado a Southern Cone Partners y Ernst & Young (EY) como sus asesores financieros, mientras que el estudio jurídico Beccar Varela se encargará del marco legal necesario para la reestructuración.

La situación actual de Bodegas Bianchi es preocupante. Según datos del Banco Central, la empresa ha acumulado más de 100 cheques rechazados, con un monto superior a los $1.200 millones. Su deuda total supera los $17.800 millones, y enfrenta exigencias tanto de bancos públicos como privados. Para abordar esta crisis, comenzaron a hablar con distintos acreedores para pactar un período de gracia, lo cual permitiría reprogramar vencimientos mientras buscan nuevas condiciones de pago.

El objetivo es claro: evitar una cesación de pagos masiva, aprendiendo de la experiencia de Bodega Norton, que se declaró en concurso preventivo a finales del año pasado con deudas que superaban los u$s30 millones. El deterioro financiero de esta última fue un golpe para todo el sector, y Bianchi está decidida a no repetir ese camino.

La presión financiera y el rol de los garantes

Una muestra evidente del desmejoramiento reciente es la intervención de entidades de garantía que deben asumir compromisos financieros que vencen pronto. En este caso, el pago de la última cuota de capital de sus Obligaciones Negociables PyME, equivalente a más de $1.156 millones, será cubierto por los garantes, siguiendo las condiciones de la emisión.

Este tipo de esquemas, donde los garantes deben intervenir, surge cuando las empresas atraviesan restricciones severas de liquidez y necesitan tiempo para renegociar sus pasivos. Para Bodegas Bianchi, esta presión financiera no es nueva. Durante el último año, la compañía recurrió a medidas extraordinarias, como la venta de una finca histórica en San Rafael por unos u$s10 millones. Este activo era emblemático y estuvo vinculado a los inicios de la empresa. Aunque esta operación logró aliviar algunos compromisos inmediatos, no fue suficiente para revertir el deterioro de su flujo de fondos.

Fundada en 1928, Bodegas Bianchi es una de las marcas más tradicionales del vino argentino. Tiene una fuerte presencia en el mercado interno y realiza exportaciones a numerosos países. La comunidad vitivinícola sigue con atención su situación, ya que es un indicador importante de la salud financiera de toda la industria.

Una crisis estructural que golpea a toda la industria

El caso de Bodegas Bianchi se produce en medio de una crisis significativa en el negocio vitivinícola. Este sector enfrenta una combinación de caída en el consumo, pérdida de competitividad y aumento de costos que se mantiene en el tiempo.

De acuerdo al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el consumo interno de vino ha caído un 22,6% en los últimos cinco años. Solo en 2025, se registró una nueva baja cercana al 3%. El mercado local, que llegó a absorber más de 10 millones de hectolitros al año, hoy apenas contempla 7,4 millones, lo que refleja un cambio en los hábitos de consumo y en el poder adquisitivo de los argentinos.

Las exportaciones, que solían ser un pilar del crecimiento del sector, tampoco compensan esta caída. Los precios internacionales de los vinos varietales han retrocedido casi un 30% en dólares constantes desde 2013, mientras que los costos operativos, en especial en energía, logística e insumos, siguen siendo elevados.

Un informe reciente ha descrito la situación como una “tormenta perfecta”, caracterizada por exceso de stock, baja rentabilidad y abandono de viñedos. Los inventarios ahora representan casi siete meses de consumo, lo que genera un excedente que empuja los precios hacia abajo y afecta toda la cadena de producción.

Evitar el efecto Norton y ganar tiempo

En este contexto, el proceso que ha iniciado Bodegas Bianchi busca evitar un desenlace similar al de Norton, cuya presentación en concurso preventivo marcó un punto de inflexión en la industria. La estrategia de la empresa quiere ganar tiempo para estabilizar su flujo de caja, renegociar sus compromisos y recuperar la previsibilidad en sus operaciones.

La contratación de asesores especializados y el inicio de negociaciones con acreedores son parte de un clásico esquema de reestructuración, diseñado para eludir complicaciones judiciales más graves. Sin embargo, el resultado dependerá de su capacidad para recomponer el flujo de fondos en un mercado que ha cambiado significativamente. La baja en el consumo, la presión de los costos y la mayor competencia han limitado los márgenes incluso para aquellas empresas con una larga trayectoria.

En el sector, hay consenso en que el caso de Bodegas Bianchi va a ser un termómetro importante para evaluar el verdadero alcance de la crisis. Si logran estabilizar su situación, podría establecer un camino para que otras empresas sigan en la misma dirección. De lo contrario, el escenario de nuevos concursos preventivos dentro de la industria podría transformarse en una realidad más común.

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